No digo que no tenga su interés. Desde luego, ha sorprendido que Will Smith, conocido en todo el Mundo por sus películas y series, reaccionara como lo hizo, pero es que ya han corrido ríos de tinta y cansa que el asunto-tendencia sea el machismo intrínseco de lo que supone ese bofetón, la masculinidad tóxica que amenaza la normal convivencia de la paz social, la justificación de la violencia, el show por el show, el…
Oiga, pregúntele su opinión sobre si el príncipe de Bel-Air hizo bien o mal al que acaba de meter lo más importante de toda su casa en una maleta o mochila cuando se tiene que ir a vivir a otro país porque lo matan sin tener culpa de nada en un bombardeo de una ciudad ucraniana. O puede interesarse por cómo va a pagar un camionero, primero, el depósito de gasoil y, después, la hipoteca de su casa y la letra del propio camión. O cómo va a afrontar un autónomo los próximos meses o cómo vamos a hacer el común de los mortales en este país para llegar a fin de mes con lo que se ha encarecido la cesta de la compra.
Si le gusta profundizar, puede verse motivado por saber qué hace la comunidad internacional para intentar acabar con la invasión rusa o qué hace el presidente del Gobierno de España y parte de sus ministras para aliviarle la carga económica a usted que a lo mejor está buscando un trabajo o reza para no perder el que tiene.
O, indudablemente, en el ejercicio de su libertad, puede teclear “Will Smith noticias” en Google y ver que salen en 0,69 segundos 223 millones de resultados. Duele ver que la agresión del actor abre el debate de la violencia y 87 muertos en un fin de semana a manos de las maras en El Salvador no suscita ese interés.
No le voy a decir lo que tiene que interesarle a usted. A estas alturas seguro que es ya una persona con un criterio lo suficientemente definido como para que nadie le diga qué tiene que leer o ver en la tele o escuchar en la radio. De hecho, si ha llegado hasta este punto de mi tribuna de opinión es porque es mi padre, mi madre, un amigo o porque tiene interés por lo que un periodista tiene que contarle acerca de su punto de vista. Desde ya, gracias.
Pero cuando uno mira cuáles son las noticias más leídas, las tendencias más insultantemente seguidas en redes sociales y comprueba, con desánimo, dónde está el foco de la actualidad, con la que nos está cayendo a todos de una forma o de otra, no puedo más que decir eso de: “Luego no te quejes”.
Y, sin embargo, lo harán, lo haremos, lo haré, porque somos así. Nos quejaremos diciendo con la boca llena de razón y golpeándonos el pecho, airados, que pagamos nuestros impuestos y que tenemos derecho a quejarnos. Quizá, como pasa en otros órdenes de la vida, solo es una distracción momentánea necesaria para desconectar de la acuciante actualidad, un paréntesis entre tanta mala noticia, un respiro antes de volver a la resignación de lo cotidiano que, desgraciadamente, está lleno de guerra, desgracia, restricciones, leyes contra el sentido común y, en definitiva, obstáculos a la libertad y a nuestra tranquilidad.
Pasarán los años y estoy seguro de que usted sabrá que el actor Will Smith abofeteó al presentador de la gala el día que ganó un oscar y no se acordará de quién era Volodímir Zelenski, Ursula von der Leyen, Raquel Sánchez o Teresa Ribera.
Y esa es la clave de esta compleja y apasionante profesión, saber qué le interesa a usted, de qué quiere ser informado. Difícil averiguar la línea por la que debe discurrir la información y el entretenimiento. La gran pregunta al respecto es: ¿Compra usted lo que los medios de comunicación deciden que le tiene que interesar o marca el lector, el oyente y el telespectador lo que quiere?
Se habla tanto de la ética del periodista… Como cada uno en su ámbito, parece lógico luchar por que la meta a alcanzar sea la excelencia. Uno se debe a la naturaleza de su trabajo, que no deja de ser otra que el de ofrecer un servicio por medio de la información. La ética de cada uno, esa que se dice personal e intransferible, determinará lo que considera que es correcto o no.
Luego usted juzgará si el periodista acertó o no. Hay tantas formas de ver la ética y tantos puntos de vista para valorar la objetividad, la verdad y, digo más, la exactitud, que creo que el código ético en el Periodismo es extensible a la forma de vivir de cada uno su vida en general y por tanto creo que también habría que exigírselo al consumidor de información y entretenimiento. ¿Tiene su consumo de información algún criterio ético?
Al final, ¡haga lo que quiera! Su responsabilidad es cosa suya.