Editorial

Una inflación pavorosa y un único culpable

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Miércoles 30 de marzo de 2022

El Instituto Nacional de Estadística ha confirmado este miércoles lo que los españoles de a pie ya estaban notando en sus bolsillos y su economía doméstica: los precios están subiendo de manera pavorosa. La inflación en España ha alcanzado el 9,8% en este mes de marzo, un dato histórico que no se veía desde 1985, inédito por tanto desde el establecimiento del euro.

Ante esta circunstancia, el Gobierno ha decidido buscar a un solo culpable: Vladímir Putin. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha atribuido al mandatario ruso, y a la guerra que ha desatado en Ucrania, el grueso del alza de los precios. “En un 73%”, ha dicho, campanudo, en el Congreso de los Diputados, “se explica por el desbocado precio de la energía y los alimentos no elaborados, todo ello exacerbado por la guerra de Ucrania”.

Lo cierto es que la inflación había comenzado a dispararse antes de que comenzara la invasión en Ucrania. Las razones, como lo son en todos los procesos históricos, son múltiples. Los bancos centrales han introducido un maremágnum de dinero en las economías occidentales que, hasta el momento, no habían registrado subidas significativas de la inflación. Hasta ahora.

Pretender suministrar dinero casi infinito al sector público y privado a un interés del 0% sin que los precios se disparen es una pura quimera. Todo el mundo era consciente de que se trataba de algo excepcional que terminaría en algún momento. Para el Gobierno de Pedro Sánchez, sin embargo, se trataba de la situación natural. No hubo ningún cuidado en la administración de las finanzas públicas y la deuda y el déficit comenzaron a escalar. Desde su llegada a La Moncloa, el dinero de todos los españoles sirvió para regar generosamente el jardín socialista y para contentar a los socios que le habían aupado al poder, fueran de signo comunista o separatista. Recientemente, el Instituto de Estudios Económicos (IEE) cifraba en 60.000 millones de euros el gasto ineficiente del Estado.

Ahora, con una inflación galopante, el Gobierno ha adoptado una serie de medidas precipitadas, centradas en el intervencionismo de la economía antes que en la bajada de impuestos. Pese a que el alza de los precios aumenta la recaudación del Estado, la voracidad recaudatoria de Sánchez no cesa. La presión fiscal pesa como una losa mientras muchas empresas del sector primario trabajan a pérdidas y la industria da signos de agotamiento. La única salida que deja el Gobierno es el ERTE.

La situación es compleja. Los problemas económicos vienen de muy atrás. Por eso, es preciso que el Gobierno busque el mayor consenso parlamentario posible, baje los impuestos como había prometido a la oposición, y deje de culpar infantilmente de su mala gestión a Putin, cuando él es el único culpable.