Opinión

Un ejemplo estimulante

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 02 de abril de 2022

Durante fechas próximas a la celebración del medio centenario del Alma Mater cordobesa esta tuvo la desdicha de perder a cuatro de sus mejores servidores: D. Enrique Aguilar Gavilán, muy comprometido alumno de la primera promoción de la Facultad de Filosofía y Letras y más tarde destacado Profesor del centro y muy diligente Secretario General de la Universidad; D. Amador Jover Moyano, afanoso y creativo Rector; el competente y aureolado internacionalmente Catedrático de Química D. Miguel Valcárcel y, finalmente, el no menos reputado latinista D. Joaquín Mellado. Por fortuna, la desaparición en su estamento burocrático de D. José M.ª Rey debiose a su prescrita jubilación.

De todos los insignes varones susomentados ninguno puede disputarle al ya exbedel el alto mérito de haber entregado más horas a su entusiasta servicio. El horario consumido en pro de la roborante actividad del viejo y entrañable Palacio del Cardenal Salazar no admite comparación con cualquier otro de la comunidad universitaria. Cincuenta “años al pie del cañón”, la expresiva locución para definir tareas incesables en beneficio de la bienandanza de organismos y entidades oficiales y privadas cabe aplicársela con todo rigor y propiedad al infatigable bedel de la Facultad de Letras de la antigua ciudad califal. En toda estación del año sus jornadas eran interminables de grado y voluntad propia más que de exigencias dimanadas de reglamentos administrativos. Salvo ciertas horas de la alta madrugada, no desconoció in situ ningunas otras de las trascurridas en el venerable y grandioso caserón de nuestra incomparable centuria de las Luces.

Y todo ello en aras de que sus habitantes dispusiesen de las condiciones más atractivas para cumplir con gozo sus deberes profesionales. Desde el impecable funcionamiento de aulas y despachos burocráticos y docentes hasta la recogida meticulosa de diarios y revistas cara a su depósito en la excelente Biblioteca del centro y el insuperable quehacer, en compañía de colegas muy estimados, en la recepción y expedición de una abultada correspondencia, según es habitual en las Facultades humanísticas.

Y así, años tras año, hasta sobrepasar la pesarosa frontera de la media centuria biológica. Bienhumorado, discreto, invariablemente solícito y respetuoso de las jerarquías de toda institución bien reglada, le toca ahora recoger el serondo fruto de una existencia consumida en el servicio a los demás. Si muchos de sus conciudadanos en el mismo trance atesorasen tal currículo, España se codearía de igual a igual con los países que lideran el mundo. En la dimensión íntima y modesta que le es más querida y próxima a su personalidad, desearle una jubilación entregada al cultivo de sus aficiones y placeres más entrañados, como el protagonismo anónimo en las fiestas más singulares y características del calendario cordobés o la asistencia cuotidiana a algunos lugares de la más intransferible identidad de la antigua ciudad califal es, desde luego, tan justo como oportuno. Y ad multos annos…¡