Salamandra. Barcelona, 2022. 352 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Soledad Garaizábal
En Love Song todo empieza con una propuesta, con la descabellada idea de que viejos amigos se vuelvan a juntar para tocar las canciones de siempre. Sobre un escenario, cualquier escenario, vibrar con la emoción de haber recuperado la magia de sentimientos que parecían perdidos. Salir del círculo vicioso de la cotidianidad asfixiante y escapar, con nombres falsos y rumbo incierto. Empezar de nuevo, iniciar una gira que recorra campings y locales perdidos por la costa mediterránea y que permita pasar un tiempo varado a un lado de la vida, dejar que suceda, sanar. Como veteranos del rock y curtidos en mil batallas, juntos los tres, recuperar la ilusión de vivir por y para la música, sentirse libres a pesar de todo. Pasar un “verano tocando, bebiendo, riendo, comiendo y volviendo al principio, cuando éramos guapos, jóvenes y escoceses”.
La propuesta es una especie de pacto para intentar volver atrás, a 1985, un reencuentro con tintes de despedida. De pueblo en pueblo y de canción en canción, un plan para desandar parte del camino y resucitar el nexo puro de unión que consagró por siempre una amistad a tres. La proposición parte de Jimmy y Eyleen, al otro lado del triángulo sopesa la idea Cowboy. Pareja y amigos, amigos y pareja, tres eran tres los hijos del rock.
El poeta, novelista, guionista y crítico literario Carlos Zanón (Barcelona 1966) lo ha vuelto a hacer. Ha conseguido de nuevo unir dos de sus grandes pasiones, la literatura y la música, para escribir una novela que se baila y se canta, una historia que encierra todos los ritmos y que se siente como envolvente y decadente melodía. El artefacto literario-musical puede decirse que tiene una estructura circular, ya que el principio y el final resuenan con el mismo mantra, ese melancólico “demasiado alto, demasiado lejos, demasiado pronto” que los seguidores de los Waterboys tenemos instalado en un bucle cerebral del tiempo y la memoria, para que nos ayude a recordar todas las cosas que fueron, sin olvidar las que pudieron ser.
Dividida en 58 capítulos, el viaje de la novela se inicia con una acertada aproximación a la personalidad de los protagonistas. Como en el intro de una canción de rock, se marca un ritmo pegadizo y despreocupado, como la rutina diaria de un grupo en gira: viaje en furgo hasta el destino, llegar al local, descripción del ambiente, escenario, concierto, canción, canción, canción, noche imprevisible, mal dormir, resaca mañanera, vuelta a empezar.
Al trío principal de protagonistas se une el personaje fundamental de Polidori, el conductor de la Camper en la que se hacen los traslados, ayudante en el montaje de los instrumentos, rescatador en todo tipo de situaciones apuradas, confesor personal, batería ocasional y testigo siempre de la acción que pronto empieza a tensionarse.
Entonces, cuando todas las personalidades están definidas y el lector ha incorporado el recuerdo de la emoción de mil canciones a su cuerpo, comienza la trepidación. A partir del capítulo 34 el ritmo se acelera, la tensión aumenta, los acontecimientos se agolpan. Hemos llegado al hit de la canción, cuando se suceden los tumbos, cuando ya no se puede parar de pasar páginas. El soul ha dejado atrás el rock, ha pasado por encima del heavy y se ha instalado en el hardcore punk.
La aceleración dura lo que duran las tormentas de verano. Cuando vuelve a salir el sol y el barro se seca, la historia de amor y amistad gira por otros derroteros. Ahora es cuando comprendemos la complejidad y maestría con la que Zanón ha construido sus personajes y cuando entendemos porqué se considera genial su obra literaria.
Editada por Salamandra, Love Song nos sorprende porque habla de amor y chupas de cuero, baladas y rayas de coca, admiración y navajas, realidad y sueño instalados en una desgarradora canción que mezcla todas las estrofas que los boomers tarareamos por dentro.