Opinión

Yo conocí a Andy Warhol

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Miércoles 06 de abril de 2022

Veo que se celebra una exposición de Andy Warhol, en Madrid, que, sorprendentemente para mi, que ando fuera del circuito, es de pago…. “que por cuatro euros te dejará muy contento”. Ya veo que esa parte del Arte, que han dado en llamar Arte Contemporáneo o Arte Actual, esos adanes que creen que los tiempos pasados únicamente tienen valor como preparacion de los que ellos viven o van a vivir, ha decidido estrujar hasta los bolsillos mas escurridos.

Yo conocí a Andy Warhol en la inauguración, en Madrid, de su exposición “Pistolas, cuchillos y cruces” (1983), en la galería del visionario Fernando Vijande.

El día de la presentación, permaneció, durante todo el tiempo, sentado en una silla, instalada sobre un podio, en el centro de la sala de exposición, con su famosa peluca color platino, que el utilizaba como sombrero, mirando fijamente al frente y sin hablar ni una sola palabra. Yo no puedo sentir el menor respeto, personal ni artístico, por una persona que, por notoriedad, es capaz de un comportamiento tan idiota. Su actitud me dio todas las referencias para juzgar al personaje.

Andy Warhol, en mi opinión muy personal y muy a contracorriente, uno de los dos personajes mas nefastos, para el Arte del siglo XX y me temo que para el del XXI, junto al vividor y caradura, Marcel Duchamp.

M. Duchamp descubrió, con gran sorpresa, que, el mercado de EE.UU. le requería, con gran avidez, sus artefactos (Ready mades). Aprovechó, ese mercado, que le permitía hacer caja con esos objetos, sin labor, personalidad, ni belleza, a los que, ante esas vitales carencias, pretendió ser emisarios de arcanos “mensajes”. El abrió una de las puertas del Arte “Moderno”, el Arte como transmisor de ”ideas” y no de emociones. Las salas de exposiciones se llenan de objetos y ocurrencias que quieren decirnos “cosas” que, ¡oh casualidad!, resultan ser manidas “recetillas“ del manual “politicamentecorrecto”.

Voy a poner dos ejemplos, muy relevantes, que me es difícil eludir: Dos “artistas” retados por el espacio mas exigente que se puede encontrar para crear contenido, la Sala de Turbinas de la Tate Gallery, salieron del paso de la siguiente manera: Doris Salcedo encargó que hicieran una grieta, en el suelo, que pretendía “denunciar las divisiones de la humanidad y la emigración”. Ai Weiwei derramó cien millones de pipas de girasol fabricadas en cerámica y decoradas, una a una, por artesanos chinos, “como un gesto profundo de amistad y compasión humanas”.

Mensajes altisonantes y manidos sobre “obras” cuya ejecución se abandona en manos de otros.

Otra puerta la abrió nuestro Dalí. “ávida dollars”, según el ingenioso acróstico con que le zaherían los surrealistas. Su pintura es de ejecución técnica exquisitamente clásica; su contenido, subrayado por sus geniales títulos, se adentra intrépidamente en el terreno, surrealista, de los sueños y presagios.

El genial pintor español, salía de su estudio, como buen catalán, a hacer de viajante de su pintura. Y creó un extravagante y arrollador personaje público que atraía la atención general y que le granjeó la conquista del mercado de EE.UU.

Andy Warhol, con su preparacion publicista, abrió, de par en par, esta puerta de la creación del “personaje” que, mas tarde se ha despeñado por los barrancos de los “influencer” y las aberraciones de las “performances”.

Después, el rastrero e inescrupuloso mercado anglófono, ha convertido, desvergonzadamente, la obra de Arte en un objeto puramente comercial y hasta industrial, explotando, a conciencia, los yacimientos de la estupidez, “el prestigio social”, “la modernez”, el prurito “del primero que….”, la avaricia, la especulación, el dinero negro, la evasión fiscal, etc….

Y no se ve el final. Hasta la denuncia del Artista Conceptual Piero Manzoni, que enlató sus propios excrementos, en latas de conserva, ya en 1961, para denunciar que “la simple firma de un artista con renombre produce incrementos irracionales en la cotización de la obra”, fue captada y asimilada, inmediatamente, por el mercado.

Acosado por el éxito, Manzoni se vio obligado a “trabajar”, intensivamente, en el W.C. (de su estudio, supongo) para llenar las noventa latas, con ese oloroso contenido, que se pusieron a la venta. Y con gran éxito. Se subastó una, en Milán por 275.000 euros y otra está…..en el MOMA.

Esperemos que sus meritorios “esfuerzos”, no se vean empañados, algún día, por la duda de su autoria que, como es habitual, en las obras de “Arte”, perturba, gravemente su valor.