Opinión

Del bofetón al Grupo C, revocatoria, crímenes de guerra…

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 07 de abril de 2022

Estas semanas nos dejan una cascada informativa que amerita atenderse a la voz de ¡ya!. Empiezo por el bofetón propinado por el sobrevalorado Smith a Rock en los óscares. Se le ha sobredimensionado –precedido del lastimero “ya le debían el Óscar”, que es un criterio de gimoteo que no usan los yanquis– y acaso con el tortazo, Smith habrá honrado a su esposa, pero no a su raza. Se lo recalcó Denzel Washington: era contraproducente ver en una transmisión internacional de tal envergadura a dos hombres negros liados mancillando tan importante ceremonia, alimentando al racismo que los ha segregado sistemáticamente y está disconforme con su participación y visibilidad. Y a tal ofensa, Smith no debía dejarla pasar, mas acaso no fueron ni el lugar ni el momento apropiados y su hermano ya amenazó a Rock. Desde luego que yo no secundo posturas feministas detractando al macho defendiéndola cual su hembra a quien no lo solicitó por mor de aquel mal chiste. Washington desestima luego sus palabras (no sé si por miedo a ser estigmatizado como Smith) y dice que rezaron juntos. ¡Bah!

Más importante son los crímenes de guerra evidenciadores del deleznable proceder ruso en Ucrania. También adviértase que ambos bandos echan mano de propaganda, acusándose mutuamente de lo mismo. Ambos. Obligan a ser cautos con toda la información disponible. Lo hasta ahora visto es condenable, desde luego, al serlo todo crimen de guerra. Mas óigase a las dos partes, pese a los sesgos y cercos informativos prevalecientes; y no olvidarnos que hacerlo es defender el derecho a la información. Y es verdad que cuando he leído lo sucedido en Bucha, no dejo de compararlo con escenas dantescas similares en México ante la actuación del crimen organizado. Vergonzoso y deplorable, siempre resulta serlo.

Y levantó cierta bulla que Rusia pidiera las sedes de 2028 y 2032 de la Eurocopa. Como no es menos asesina que otros y partimos de que la actual guerra no será eterna (crucemos los dedos), todo pasa. Tarde que temprano, todo se reencausará y las potencias habrán de tender puentes, reanudando relaciones económicas. El interés tiene pies y es presumible que restañarán las heridas. Rusia será readmitida en la comunidad internacional como le sucedió a Alemania después de la paz de Locarno de 1925. Ella piensa en el futuro que ya está próximo. ¿Rasgarse las vestiduras? Ya…

Más histriónica que dramática fue la salida de Pablo Casado cesando su prometedora dirigencia en el Partido Popular que terminó desbarrancada. Todavía no tengo claro si el búmeran que le resultó de exhibir por sí o por interpósita persona a Ayuso, sea la causa final de su caída ni la veo a ella tan fortalecida. Que no le toque las narices a Feijóo. Casado había trazado una línea: partido sin grupos. Que le pregunten cómo estrujó a Sáenz de Santamaría. Ya veremos si Ayuso se siente cómoda con esa nueva dirigencia que parece tan rupturista y tan continuadora, a la vez. Lo que sí es verdad es que Ayuso vio pasar frente a sí el cadáver político de su adversario. Punto para Ayuso, sin duda.

Transcurre el año del V centenario de dos personajes interesantes: Adriano VI y Antonio de Nebrija. Ambos me atraen. Del primero quepa decir que a fuer de ser confesor de Carlos V y que, sin duda alguna, accedió al solio pontificio de su mano, el neerlandés tuvo una muerte prematura, pero prometía ser un pontífice muy destacado dada su vocación y su formación humanista. Fue el último papa no italiano hasta Juan Pablo II, llegado 450 años después. Algunos apuntan a que pronto pudiéramos tener un papa Adriano VII, apelando a su influencia y a su trascendencia, pese a su brevísimo pontificado. De Nebrija ya me ocuparé en los meses siguientes.

Así, más apremiante resulta referir temas trascendentes para los mexicanos, a quienes parece mover más la sufrida y mediocre clasificación al Mundial de Catar y a renglón seguido y casi sin respiro, saberse posicionado el seleccionado en el Grupo C de Qatar 2022, compartiendo sitio con Arabia Saudita, Argentina y Polonia, que la revocatoria de mandato del 10 de abril. Si para España dicen que se hizo un silencio profundo al saberse a jugarla contra Alemania –Luis Enrique ha dicho a una televisora mexicana: “qué esperábamos, es un Mundial”– eso mismo pasó a los mexicanos al saberse contra Argentina. Ciertamente, y a mi juicio, la Selección mexicana no llega con los deberes hechos y se la esquilman nombres valiosos que pudieran verter la mejor labor. Así que en el plano personal espero poco de su desempeño. Meritorio calificar, así fuera a un paso del repechaje, desinflándose y jugando mediocremente, campeando el negocio de tan solo conseguirlo para vender humo al aficionado aturdido que se dejará los dineros por acudir a la sede. Eso, mientras desestima el avance técnico asaz demostrado por Estados Unidos y Canadá, no entendiendo ni el que no requieren acrecentar afición para mejorar ni lo inútil de regodearse de que nunca lo alcanzarán al modelo mexicano de mucha afición y antigüedad de juego. Ilusos mexicanos. Ya lo están haciendo sus rivales. Aprendieron soccer y lo disputan, pese a que, en efecto, no cuenten con una gran afición y van solidificando su empeño y mostrando resultados en poco tiempo. No aprendemos que “tú enséñale a los yanquis lo que haya qué hacer, que ellos se encargarán de aprenderlo, superándote y generando más dinero en ello”.

Y pues sí, el tema futbolístico parece ganarle adeptos a la revocatoria constitucional del 10 de abril. Se la ha atacado con “argumentos” sueltos, desmadejados, con poses de colegas abogados tristemente rebuznando queriendo pasar por elevados defensores jurídicos que no son, pontificando sandeces contra ella, de forma muy lamentable y afectada. Sépase: la revocatoria no requiere que la popularidad del presidente toque fondo para pedirse, la solicita un puñado de ciudadanos para todos como mandata la ley y será vinculante, ya sea que gane o pierda el “sí” por la salida del mandatario mexicano. No se olvide que hacerla fue promesa de campaña del presidente y que llamar a abstenerse es antidemocrático, porque nada más soez y vulgar que pedir no votar en democracia. Cosa más absurda y contraria al espíritu democrático. En esto, no hay ciudadanos contra seguidores de López Obrador, como lo plantea mañosamente la oposición. Todos son ciudadanos y las interpretaciones maniqueas opositoras a este ejercicio democrático, sobran. Es verdad que el aludido presidente la promueve, como tantos más la denuestan. Eso sí: los opositores a López Obrador llevan 3 años insultándolo y pidiendo su salida o deseando su muerte (como pasó las dos veces que contrajo COVID19). Hoy tienen frente a sí la oportunidad de echarlo legalmente y se niegan. Aducen mil y un marrulleros pretextos para abstenerse. Van un tanto descerebrados y masoquistas. Allá ellos. Y por cierto, es tamaña tontería hablar de abstención afirmativa.

En tanto, cuando parece que la pandemia cede un poco, relajamos indebidamente las medidas de precaución, mientras que no desaparece y China ya anda en nuevos confinamientos, es que me asalta otra vez la pregunta de si seríamos mejor después de la pandemia. La respuesta ya sigue siendo polémica, sin duda. Para seguirlo pensando. Por el momento, reflexionemos en que solo un 14% de los británicos aceptaron de buen agrado el saber que Camila sí será reina consorte. No había forma de que no, pero ya lo saben.

Por último, salta a los titulares la expresión Indo-Pacífico. Esa zona del mundo cobra importancia porque es el escenario de confrontación sino-estadounidense. China ha advertido a Washington que se abstenga de crear en ella una OTAN. El cerco a China puede ser tan peligroso como el que intentaron crearle a Rusia y hoy estamos viendo las consecuencias. Llevo diciéndole hace una década que ahí está la semilla de la siguiente gran guerra. En el marco de la guerra de Ucrania, hay otros escenarios conflictivos. China intenta salvar ambos temas para no mezclarlos, sino solo en su provecho y Estados Unidos tendrá que definirse pronto y dejarse de marrullerías.

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