Los Lunes de El Imparcial

Ahmed Rashid: Los talibán

Ensayo

Domingo 10 de abril de 2022

Traducción de Jordi Fibla. Península. Barcelona, 2022. 435 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



En Los talibán. Islam, petróleo y fundamentalismo en el Asia Central, el periodista paquistaní Ahmed Rashid nos ofrece una obra de máxima pertinencia y actualidad en la que disecciona con rigor a uno de los actores que en mayor medida han desestabilizado, desde la perspectiva de la seguridad, el panorama regional y global: los talibán.

El autor es un conocedor excelso de la región objeto de estudio, habiendo cubierto para diferentes medios de comunicación la guerra de Afganistán librada durante los años 80 de la pasada centuria. El resultado de esta contienda no solo condujo a la expulsión de la URSS. Por el contrario, también provocó un contexto de violencia y corrupción, como certificó la llegada al poder de los talibán en 1996: “Las múltiples razones internas que condujeron al derrumbe del sistema soviético, y de las que la yihad era tan sólo una más, se obviaron convenientemente. Así pues, mientras que Estados Unidos consideraba el desmoronamiento del estado soviético como el fracaso del sistema comunista, muchos musulmanes lo veían exclusivamente como una victorial del Islam” (p. 220).

En efecto, la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos, mostró escaso interés por las violaciones de derechos humanos cometidas por los talibán, en particular contra mujeres y minorías religiosas, mientras la pobreza se multiplicaba por todo el país (analfabetismo, elevados índices de mortalidad infantil…). Como subraya Ahmed Rashid: “Se prohibió trabajar a todas las mujeres, aun cuando estas ocupaban la cuarta parte del funcionariado de Kabul, todo el sistema educativo elemental y gran parte del sanitario (…) Soldados talibán permanecían en las calles principales y detenían a todos los hombres sin barba” (p.104)

En íntima relación con esta idea, el gobierno talibán facilitó que en su territorio se estableciera Al Qaeda y preparara los atentados terroristas contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania en agosto de 1998 y, posteriormente, el 11-S en 2001. Pese a las exigencias de Washington, el régimen de Kabul en ningún momento entregó a Osama Bin Laden, al que concedió escarapela y tratamiento de huésped: “Afganistán era ahora un auténtico puerto seguro para el internacionalismo y el terrorismo islámicos, y los norteamericanos como el resto de Occidente no sabían cómo enfrentarse a él” (p. 234).

Con todo ello, cabe apuntar que no nos hallamos ante un libro que aborda el nuevo escenario afgano derivado del reciente retorno al poder de los talibán en 2021. Al respecto, aunque Ahmed Rashid tiene en cuenta este hecho en la introducción, las tres partes en que divide la obra cubren lo acontecido durante los años 90 y la primera década del siglo XXI. No obstante, hay algunos elementos que sirven para unir el pasado y el presente, en particular la deteriorada situación a todos los niveles en que se encuentra Afganistán, cuyas repercusiones afectan principalmente al entorno más cercano, destacando Asia Central, entorpeciendo de este modo cualquier estabilidad regional posible.

Lo más sorprendente de toda la narración radica en la indiferencia mostrada por la comunidad internacional hacia Afganistán durante los años 90. Es más, en algunos casos, se observaron conductas maquiavélicas como la de Pakistán, cuyo poderoso servicio secreto (el ISI) se convirtió en un valedor poco discreto de los liberticidios perpetrados por los talibán. Esta conducta escasamente leal de Islamabad se mantuvo incluso tras el 11-S, por lo que no debe sorprender que muchos talibanes buscaran refugio en sus madrasas cuando se produjeron los bombardeos de Estados Unidos, contribuyendo de este modo a radicalizar a amplios sectores de la población pakistaní.

La intervención de Estados Unidos, seguida de la labor de naturaleza humanitaria desplegada en terreno por organizaciones como Naciones Unidas, tampoco sirvió para pacificar y democratizar Afganistán. El gobierno de George W. Bush puso más empeño en perseguir a los miembros de Al Qaeda que en combatir a los talibán, lo que a la postre ha sido una de los factores que ha provocado el escenario que se percibe hoy en día y cuya magnitud de las consecuencias está aún por determinar.

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