He leído con sumo interés el libro titulado “La secularización en España. Rupturas y cambios religiosos desde la sociología histórica”, publicado por Cátedra en 2022 y escrito por Rafael Ruíz Andrés. El volumen hace una radiografía exhaustiva del proceso de secularización en España desde 1898 hasta la actualidad, y da cuenta de la perezosa respuesta de la Iglesia de España al avance de la historia y la sociedad, con la notable excepción de la época de la Transición Española. El libro presenta una documentada cronología que detalla la relación entre la sociedad y la Iglesia Católica con sus múltiples encuentros y desencuentros, especialmente durante los últimos 50 años.
En mi opinión, lo más relevante de la secularización en España es la paulatina desaparición de lo religioso en la vida cotidiana, lo que no equivale a la desaparición de la fe. En las últimas décadas el estado del bienestar ha asumido muchas de las funciones que desempeñaba la Iglesia en cuestiones educativas, sanitarias, de ocio y socialización, o en la promoción de la cultura y los derechos sociales en las clases desfavorecidas. Sin embargo, lo que resulta llamativo es que este proceso, que es común a otros países de nuestro entorno socioeconómico, se haya sustentado en la secularización de la propia Iglesia. Por dar un ejemplo relativo a estas fechas, algunas de las celebraciones de Semana Santa, como el Via Crucis, se adelantan en algunos lugares porque las familias están de vacaciones en las fechas “de verdad”.
El Papa Francisco está atento a los problemas de la Iglesia en la sociedad actual y ha abordado algunos de los temas que parecen más urgentes, como los abusos a menores o, en el aspecto organizativo, la reforma de la curia. Sin embargo, creo que sería interesante preguntar a la sociedad su opinión sobre la relevancia de algunos de los temas que parecen esenciales dentro el mundo eclesiástico. Si durante la Transición la Iglesia tuvo una gran relevancia social y política es porque su visión y su lenguaje estaban en sintonía con un país que quería vivir en paz y libertad. La Iglesia liderada por el cardenal Tarancón no tuvo complejos en reconocer su pasado, lo que le dio la autoridad moral para conectar con la sociedad de su época y colaborar en su futuro.
En 1978 se declaraban creyentes el 90,5% de los españoles. Sin embargo, el barómetro del CIS de octubre de 2021 indicaba que el porcentaje era del 55,4%, lo que es un descenso importante especialmente significativo entre los jóvenes que se declaran católicos, cuyo porcentaje ha descendido del 78,1% en 1978 al 28,2% en 2021. No obstante, lo más destacable, a mi juicio, es que el 53,5% de los que se declaran creyentes no asiste nunca o casi nunca a un oficio religioso.
Quienes apuestan por las reformas deberían conocer la opinión de la ciudadanía sobre el papel de la Iglesia en la sociedad actual, pero especialmente deberían conocer los motivos de quienes se apartan de manera callada y discreta. Entre ellos, seguramente hay muchos que asistirán a las procesiones de Semana Santa en nuestras ciudades y pueblos. La época actual es la de la secularización, pero sobre todo la de la secularización de muchos creyentes que prescinden de las instituciones religiosas. Quizá ha llegado el momento de otra Transición.
Feliz Semana Santa