Opinión

La Unión Europea acosada

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Viernes 15 de abril de 2022

Que la globalización es el único camino de salvación de la humanidad es, ya, una obviedad. Nos enfrentamos a problemas cuya única solución es la cooperación.

La historia del ser humano es el relato de las agresiones que su instinto territorial ha emprendido por la conquista y/o defensa de puñaditos de territorio y que ha regado la historia del mundo de sanguinarios caudillos que, increíblemente, se estudian, todavía, con admiración en los libros de historia y son venerados por los pueblos que los sufrieron. ¡Y luego dicen que no hay que derribar estatuas!.

Pero, de las inverosímiles masacres, de las guerras y genocidios del siglo XX, surge en Europa, vacilante, la idea de sustituir la confrontación por la colaboración.

Lentamente, se suaviza la rigidez de las fronteras y se admite la adhesión de naciones vecinas (de 6 a 27).

Pero el camino acaba de empezar y las dificultades son enormes, quizá imposibles de allanar, pues se trata de doblegar el instinto más hondo y sanguinario de la raza humana, que sigue vivo y bien vivo.

De aquí, que esa llamada a la necesaria colaboración, avalada por la ciencia, provoca reacciones muy diferentes, desde los que “llaman a la puerta” a los del “sálvese quien pueda”.

La guerra de Ucrania nos está mostrando la primera reacción, contraria, más virulenta y retrógrada. Rusia ha visto acercarse esa idea, mientras Putin, atraído, obsesivamente por el pasado, trataba de reconstruir el bastión heredado, de la “guerra fría” de la URSS y de la época zarista. Se cree un Zar. Es preso de una anacrónica melopea y ha ido al choque, con la inútil idea de que sus vecinos acepten respetar la rigidez de una frontera que la sociedad desmorona.

La Ciencia y la opinión de las grandes potencias, EE.UU. y China, naciones decisivas, reconocen la necesidad de la Globalización; pero los poderes económicos y políticos, demoran, gravemente, las soluciones de aproximación, ensimismados en su peligrosa carrera por la hegemonía mundial. China, además, deslumbrada por el hallazgo, tras milenios, de la fórmula de librar a sus súbditos de la miseria, darles libertad. “Gato blanco, gato negro, qué más da, si caza ratones”. Deng Xiaoping.

Otro peligro para la U.E. es la vecindad de África. La incontenible apetencia, de un mínimo bienestar, fomenta la perforación, incesante, de sus fronteras, por pueblos, por los que Europa pasó y en los que dejó grandes deudas de odio y explotación durante su inacabada colonización. Y sigue en su ceguera que no le permite continuarla, actualizada a los tiempos y buscando, inteligentemente, la compensación económica. Es, quizá, el mayor peligro de difuminación de la idea globalizadora.

El resto de las naciones, en su caminar, más o menos solitario, siguen ensimismadas en lograr su bienestar y acuciados, la mayoría, por la necesidad, se ocupan poco de su, también, necesaria contribución a la idea salvadora de todos, lo que supone una rémora mas en el avance.

Una vez más las dos potentísimas fuerzas en liza, como a lo largo de la dolorosa existencia de la humanidad. Las fuerzas ciegas y destructivas que han hecho inverosímil su historia y las ingentes, milagrosas y providenciales personalidades que, hasta ahora, nos han librado del abismo.

Demasiados enemigos. Demasiada indiferencia. Demasiado egoísmo. Demasiados intereses. Demasiada ceguera.