Sábado 27 de septiembre de 2008
Según un informe hecho público esta semana, España está a la cola de Europa en lo que a conciliación de la vida personal y laboral se refiere, a gran distancia de otros países como Reino Unido o Bélgica. Casi el 40% de los españoles está insatisfecho con esta cuestión, mientras que el grado de satisfacción de nuestros vecinos europeos ronda el 80%.
Por más que al Gobierno se le llene la boca hablando de paridad u otras medidas sociales, lo cierto es que en España aún nos queda mucho que aprender de otros países en este asunto. Las jornadas tan interminables como poco productivas, las horas extras impagadas o la necesidad de elegir entre una carrera laboral de éxito y una vida personal, son características tristemente usuales del día a día de la mayor parte de los españoles. Eso sin contar las dificultades de muchas mujeres para conciliar su maternidad con su carrera profesional. Siguen si existir ayudas efectivas para la madres –y los padres-, como facilidades para acceder a horarios intensivos, subvenciones para guarderías u otro tipo de medidas que consigan que ser madre trabajadora deje de ser casi un imposible.
La cuestión no es disminuir el trabajo, ni mucho menos su calidad. Al contrario, en España se tiende a confundir horas con productividad. Las empresas españolas están llenas de trabajadores que pasan horas interminables en su puesto de trabajo, de las cuales sólo la mitad son productivas. Pero lo peor de todo es que la falsa idea de que quien abandona más tarde su puesto de trabajo es quien más y mejor rinde sigue muy extendida en la forma que muchos empresarios suelen medir la labor de sus trabajadores. La solución está en optimizar recursos, horarios y jornadas, en humanizar las empresas para que sus trabajadores se sientan valorados y sean capaces de sacar lo mejor de sí. De esta forma, todos salimos ganando, las empresas, los trabajadores y la sociedad en general.
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