Erling Haaland es un delantero sin paragón en el mundo de fútbol. Con 21 años y 1,94 metros de altura, no hay jugador en el planeta con una capacidad goleadora y una potencialidad de desarrollo tan grandes. No hay duda en eso y su valor de mercado lo atestigua: en torno a 150 millones de euros. Sus datos evidencian lo especial de su juego: en el Salzburgo jugó 27 partidos y marcó 29 tantos -y repartió siete asistencias- y en el Borussia Dortmund ha competido en 85 encuentros y ha anotado 82 dianas -y dado 23 pases decisivos-.
Zurdo, goza de potencia y rapidez para liderar contragolpes; su golpeo de pelota contiene el veneno y precisión necesarios; disfruta de una nítida visión de juego; y la responsabilidad de guiar a todo un equipo no le pesa. Todo eso condecora a este sensacional atacante noruego por el que suspiran los clubes aristócratas del Viejo Continente y por el que pujan con determinación, según se ha sabido, Real Madrid y Manchester City.
Este sábado participó de la goleada que el Dortmund asestó al Wolfsburgo (6-1) con un doblete y una asistencia. Para acercar a su equipo a la próxima edición de la Liga de Campeones. Lo normal en su brillante hoja de servicios. Pero hacía 422 minutos que no veía portería, desde el 22 de enero. Aquel día le hizo un gol al Hoffenheim, y se perdió los siguientes cuatro partidos por problemas musculares. En la prolongación del gran problema al que está haciendo frente el noruego en su precoz éxito dentro del deporte profesional.
Haaland ha estado en el dique seco durante 15 de los 42 encuentros que ha disputado este curso su equipo -tres de ellos decisivos, en la Champions League-. En la pasada campaña estuvo fuera de los terrenos de juego en 10 partidos con su club y cuatro jornadas de la fase de clasificación para el Mundial de Catar 2022 con su selección nacional. Y en su amplia nómina de infortunios destacan problemas musculares, dolencias en la rodilla y en el flexor de la cadera, amén de lesiones en los músculos abdominales y roturas de fibras.
Este apartado de su currículum no es poca cosa. Tal dimensión ha alcanzado en la mente del futbolista que, según 'Sport1', ha ordenado al Borussia Dortmund que no publique información sobre futuras lesiones. Ha solicitado que no se revelen los partes médicos que estén por venir antes de que se concrete su salida a uno de los grandes clubes de fútbol europeos. Teme que su mala consistencia física provoque que sus pretendientes se lo piensen varias veces antes de desembolsar la millonada que pide en su próximo contrato. Y ese, precisamente, es uno de los elementos que están sobre la mesa en los despachos de Real Madrid y Manchester City.
El goleador, que ya aclaró en enero que "mi meta para 2022 es no estar lesionado", se sabe escudriñado. Su actual entrenador, Marco Rose, realizó esta semana una declaración que va en consonancia con las sospechas que el jugador quiere eludir. "Es imposible que no tenga dolor. Me enviaron una fotografía en la que se veía su pie torcido 90, eso quiere decir que algo se ha tenido que romper", expuso el técnico de Borussia, que añadió que "no podemos obligarle a hacer algo -operarse- que no quiere para su cuerpo".
En Chamartín, tal y como se ha sabido, se están pensando muy y mucho acometer ya el fichaje del noruego. La preferencia del palco merengue apunta a firmarle para el año que viene, dejando así hueco para que Karim Benzema mantenga su gran rendimiento y mezcle con la presumible llegada de Kylian Mbappè. Y no tienen tan claro llegar a la cifra que exigen como prima de fichaje sus dos intermediarios -Alf-Inge Haaland, su padre, y Mino Raiola, su agente-. Esa cantidad podría llegar a los 70 millones de euros.
El City de Pep Guardiola, que sabe que el jugador quiere salir este mismo verano de Dortmund, estaría dispuesto a amontonar 350 millones de euros en una operación faraónica. Sin embargo, en el Etihad recelan de la influencia de Raiola y de Haaland padre -y de las comisiones reclamadas- y, asimismo, entienden que peones llamados a liderar el proyecto 'Citizen', como la perla juvenil Phil Foden, van a exigir una subida de salario importante. Con lo que la carrera por contratar al anotador noruego prosigue su curso sin desbrozarse.