Opinión

Ucrania y el ser de la Unión

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Lunes 18 de abril de 2022

La cuestión que, críticamente, se ha puesto de manifiesto en la reacción de la Unión con respecto a la petición de Ucrania de habilitar un procedimiento especial de ingreso, tiene como condición previa el carácter esencialmente dual, discrecional y temporal de la organización.

Primero, el ser de la Unión se ha recogido en un tratado, el Tratado de la Unión, que es “una nueva etapa en un proceso creador,” según su dicción literal, que posee un sistema tan peculiar físicamente que se estrecha cuando se va a ensanchar, lo que aunque representa una contradicción fenomenal, no lo es para el derecho internacional, donde no rige esa ley terrenal.

Y segundo, la Unión tiene su función también como ser, un ser que no es ni alternativo ni de subordinación, que está materializado en otro tratado, el Tratado de Funcionamiento de la Unión, que era anteriormente el Tratado de la Comunidad Económica Europea, y que está considerado al mismo nivel legal que el de la Unión.

Esa identidad dual de la entidad (del ser y del funcionar, como si ser no fuera funcionar y funcionar ser) se manifiesta igualmente en la capacidad, de forma tal que no tiene una sino dos: una limitada y otra no, una política y otra legal, las cuales pretende compatibilizar para desconcierto de los que no están en la organización. La cuestión es, pues, con cuál de ellas ha de responder a Ucrania.

Evidentemente, debería ser con la primera, la política, dada la dramática situación de guerra, y no normalmente con la legal, aunque Ucrania hiciera una petición formal de procedimiento de ingreso informal, al que la Comisión Europea le está simplemente dando una respuesta legal, o sea mal.


La capacidad legal de actuar conforme a competencias estatales cedidas en virtud del mecanismo de conversión de los estados en miembros supone que aquellos actúan, una vez dentro, de forma institucional. La capacidad política, por su parte, le permite, institucionalmente también, al menos aparentemente, actuar en todo lo demás que sea novedad, ya sea en el mercado o en cualquier otro lado.

Eso, desde fuera, digamos desde Ucrania, no es fácil de ver con claridad porque la organización a la vez que es dual resulta que también tiene otra dualidad, o sea que es dualmente dual, porque no es solo material sino que es, a la vez, ideal, se basa en valores, es moral, universal.

Si actuara hacia afuera idealmente la Unión se deslizaría por la vertiente de su propia extensión temporal, vaya Vd. a saber hasta dónde, aunque probablemente hasta el final. Y ¿no es verdad que una actuación desfuncionalizada y funcional, única y dual, legal y política, no viene a ser igual que reconocer que, en realidad, la unidad en la Unión es ficción?

Si la esencia de la organización es durar, Ucrania nos ha demostrado que su extensión solo es posible si se mantiene la creencia en un ideal, el cual, no obstante, se va alejando cada vez más de lo real por el efecto centrifugo de la rotación de un ser cada vez más centralizado en su función.

Así las cosas, la guerra nos ha hecho ver, si es que la Unión lo quiere ver, como si fuera una novedad cómo se las gastan en Rusia y cómo Europa se había olvidado de lo elemental

Si la organización hubiera dejado de crecer se hubiera quebrado; en cambio, ha continuado con una mecánica virtual que Ucrania se ha encargado de revelar. No hay posibilidad de sucesión, ya que toda sucesión implica reubicación. Mientras tanto, la cuestión, esencial para la Unión, permanece sin resolver con una duración vital que ya llama la atención.