El entorno de Pedro Sánchez confirma el propósito del presidente del Gobierno: agotar la legislatura convocando elecciones generales para el domingo 10 de diciembre del próximo año 2023. No solo concluirá la legislatura nacional sino también la presidencia europea, que, por turno, le corresponde hasta diciembre del año próximo.
Cada vez está más claro que Pedro Sánchez, ante la posibilidad de caer derrotado en las elecciones nacionales, parece dispuesto a renunciar como candidato a ellas y presentarse a la presidencia del Consejo de Europa, unas semanas después, en 2024. Dos circunstancias deben concurrir para semejante decisión: que las encuestas anuncien la victoria clara de Núñez Feijóo; y que Borrell desbroce el camino europeo para que Sánchez tenga probabilidades serias que justifiquen el salto pirueta desde la presidencia del Gobierno español a la presidencia del Consejo de Europa.
Desde hace varios meses, Pedro Sánchez se ocupa de allanar los caminos europeos. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara español, que tanto ha complacido a Francia, forma parte de las enmascaradas maniobras del líder sanchista para alcanzar la meta soñada: la presidencia del Consejo de Europa.
No son pocos los que en Moncloa aconsejan al presidente que no se meta en esa aventura. Son muchos más los que están de acuerdo, si se confirmaran las encuestas nacionales negativas. Eludiría así el ridículo electoral apostando por la carta europea. Parece probable que el presidente, si ve peligrar seriamente su poltrona monclovita, se lance a ocupar el trono europeo. Desde el punto de vista político, se trata de una jugada arriesgada, pero de una gran jugada. A Pedro Sánchez le complace tanto esa posibilidad que lleva meses desembarazándose del Partido Comunista Español y de las sombras podemitas, para que su candidatura europea se haga viable. Todavía queda año y medio para las urnas españolas y el presidente mantendrá vivos sus dos planes: el A, que supone la reelección en España; y el B, si esa reelección se presentara arriesgada, lanzar el órdago sobre el tapete europeo. Tenemos, en fin, por delante, unos meses apasionantes para los propósitos sanchistas y para el destino personal de Pedro Sánchez.