Opinión

Benzion Netanyahu (1910-2012)

TRIBUNA

Ciriaco Móron Arroyo | Viernes 29 de abril de 2022

En enero de 2022, la editorial madrileña De Conatus ha publicado la traducción al español de una novela salida el año anterior en Nueva York con el título The Netanyahus. El autor es Joshua Cohen y el traductor Javier Calvo. Como soy el español que más ha convivido con el profesor Benzion Netanyahu, me sentí obligado a leerla, y ahora, al cumplirse el décimo aniversario de la muerte de Benzion (yo me resistí siempre a tratarle de tú, pero en USA es normal ese trato entre colegas) aprovecho la ocasión de este libro para recordar algunos datos de interés para nuestros lectores. El profesor Benzion Netanyahu murió el 30 de abril de 2012, cumplidos los 102 años. Los dos llegamos a la Universidad de Cornell al comenzar el curso 1971-72; él venía de la Universidad de Denver, yo de la de Pensilavania en Filadelfia. El día que nos conocimos me dijo que tenía casi terminado un libro sobre Los orígenes de la Inquisición española, falto solamente de algunas correcciones y notas. Se jubiló en 1978 y se instaló en Israel; pero ese libro “casi terminado” en 1971, le hacía necesario volver a Ithaca (la biblioteca de Cornell, de 9 millones de volúmenes) todos los años hasta que por fin se publicó en 1995 en inglés, y en 1999 en español, traducido por el profesor Ángel Alcalá Galve (Brooklyn College, CUNY) y por mí. La última vez que nos vimos fue en 2010, cuando un productor israelí nos convocó a Netanyahu, a Ángel Alcalá y a mí en un hotel de Nueva York para conformar un vídeo sobre la vida y obra de Benzion.

La novela de Cohen trata de los Netanyahu solo de manera indirecta. El protagonista es el profesor Rubén Blum, primer profesor judío en la ficticia Corvindale University, situada al sur de Buffalo, N. Y. Aunque Blum es especialista en la historia de la hacienda de USA, por ser el único judío, el jefe del departamento le encarga del comité que debe decidir sobre la contratación de Netanyahu, que aspira a un puesto de profesor en la institución. Blum no conoce ni el nombre, pero recibe dos cartas de recomendación que constituyen los capítulos 3 y 5, y le dan al autor la oportunidad de presentar sendas semblanzas del candidato. La primera, que parece una carta auténtica del presidente del Dropsie College en Filadelfia, es excelente; pero la segunda, mucho más extensa, condena a Netanyahu como un sionista fanático, para quien la historia judaica es teología más que historia. Según esa carta, Netanyahu fue el sucesor del sionismo revisionista y ultraderechista de Ze’ev Jabotinski. La novela termina con la visita al college de la familia Netanyahu, huéspedes desagradables para Blum.

Benzion había nacido en Varsovia en 1910; en 1920 su familia emigró a Jerusalén, donde asistió a la escuela hasta graduarse en 1929 con un Master en historia en la Universidad Hebrea, abierta en 1925. En 1940 se instaló en USA con una “misión política” (así la llamaba él) de la cual estaba muy orgulloso: convencer a los gobernantes de USA para que votaran en favor de la fundación del Estado de Israel. Tuvo un claro éxito cuando en 1944 la Convención del partido republicano se declaró favorable al sionismo y poco después lo hicieron los demócratas.

Una vez establecido el Estado de Israel, Netanyahu hizo el doctorado en el Dropsie College de Filadelfia, actualmente incorporado a la Universidad de Pensilvania, como Centro de Estudios Avanzados del Judaísmo. La tesis doctoral reconstruyó la vida y obra de Don Isaac Abravanel (1437-1508), judío portugués, pero hijo de Samuel Abravanel, que se convirtió al cristianismo tomando el nombre de Juan Sánchez de Sevilla. Don Isaac fue el padre de Yehuda Abravanel (León Hebreo), autor de los Diálogos de amor. La tesis, publicada en 1953, es en mi opinión un modelo de investigación y exposición con un orden que clava el libro en nuestra memoria. Yo traduje al español la 5ª edición.

El 4 de julio de 1976 sus amigos, y de hecho todos los Estados Unidos, que ese día celebraban el bicentenario de su independencia, nos levantamos con la triste noticia de la heroica muerte de su hijo Jonathan, el coronel israelí jefe del comando que liberó a 104 judíos secuestrados por terroristas y por Idi Amin, en el aeropuerto de Entebe, Uganda. Benzion y su esposa Cela, recibieron la noticia por su hijo Benjamin, ex-primer ministro de Israel, que entonces era estudiante en el MIT de Boston. Los Netanyahu vivían en una casita adosada de dos pisos (Gaslight Village). Según cuenta el hijo, cuando llegó a la puerta, “el padre, que estaba en el salón, miró por el ancho ventanal y le preguntó extrañado: ¿Qué haces aquí, Bibi? En unos segundos entendió mi viaje y gritó de dolor. Mi madre le siguió; nunca olvidaré esos gritos”.

Cela era una persona entrañable que conquistaba respeto y cariño con su sola presencia. Benzion vivía apoyado en ella, aunque en una cosa no delegaba ni en Cela: el manejo de los documentos pertinentes a su trabajo. A mí me emocionaba cuando, ya pasados los 80 años, venía a Ithaca y confiaba sus bultos a los portadores, excepto el manuscrito y el material relativo a su libro sobre la Inquisión. Desde el punto de vista de la investigación fue muy exigente consigo mismo y con los demás. La falta de espacio no me permite contar algunos ejemplos.

En 1972 se publicó la segunda edición de su libro The Marranos of Spain from the Late Fourteenth to the Early Sixteenth Century According to Contemporary Hebrew Sources. El primer capítulo se titula “Los responsa”, o sea, los juicios que los rabinos de Argel y de otros puntos de lo que hoy es Marruecos, emitían sobre la ortodoxia y fidelidad al judaísmo de los conversos españoles. Yo me quedé admirado de los textos sobre nuestra historia que eran inaccesibles a la mayoría por estar en hebreo. Mi reacción inmediata fue comenzar una traducción, sin decírselo a nadie y sin contrato con ningún editor. Terminada la traducción, el Prof. Angel Alcala, que poco antes había publicado El proceso inquisitorial de Fr. Luis de León, sugirió su publicación en la magnífica editorial dirigida en la Junta de Castilla y León por el profesor Agustín García Simón. A partir de ese primer libro en español, publicamos todos los demás en traducciones mías, excepto The Origins of the Inquisition in Fifteenth Century Spain (1995), que con 1400 páginas era una tarea desproporcionada para mí solo. Por suerte, en este proyecto trabajé con el ya mencionado profesor Alcalá.

Este libro ha suscitado algunas objeciones en España, sobre todo la tesis de que la Inquisición tuvo como último fundamento el “racismo” visible en la conducta de los toledanos en 1449, sobre todo instigados por el Bachiller Marcos García de Mazarambroz (el Bachiller Marquillos). Netanyahu consideraba racismo la doctrina escolástica según la cual el cuerpo ejercía una influencia “indirecta” sobre las potencias espirituales. En el libro no matiza ese punto, pero en el discurso de su doctorado honoris causa en la Universidad de Valladolid (2005) reconoció que, junto a los “racistas”, había personas honradas que, creían en la influencia del linaje, porque era “la ciencia” del tiempo. Allí habló de los racistas y los “religionistas”. De hecho, encuentra inconsecuente la postura del gran converso Alonso de Cartagena, que defiende a los conversos y al mismo tiempo sostiene la influencia del cuerpo en el espíritu (“racismo”). Los judíos no aceptan las tesis de Netanyahu, porque según él, en 1478, cuando se funda la Inquisición, ya no quedaban apenas judaizantes; por tanto, los conversos no fueron mártires de su fidelidad a la Ley mosaica. Efectivamente, desde los pógromos de 1391, habían pasado cuatro generaciones de conversos educados ya en el cristianismo y alejados de la sociedad judía. Por eso, para Netanyahu, la Inquisición no se propuso convertir a herejes judaizantes, sino desterrar al converso de la vida española. Un punto débil del libro parece ser el cálculo de la población judía y conversa en el siglo XV. Sin embargo, para el que se sienta inclinado a criticar el libro de Benzion, le recuero un hecho para indicarle cómo está hecha esa obra. En un momento, los colegiales del Colegio de San Bartolomé de Salamanca adujeron que un documento pontificio en su posesión les prohibía admitir a conversos. Como ese alegato contradecía la conducta documentada de los papas, Netanyahu voló a Roma para comprobar en el archivo vaticano la veracidad de los salmantinos, y encontró que su alegato era falso.