Opinión

¿Por qué no espiar a Sánchez?

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 03 de mayo de 2022

Nuevo fracaso mediático y propagandístico del departamento de marketing y publicidad del Ejecutivo español. Para desgracia de todos, suena tan chusco, improvisado, poco calculado y cutre lo sucedido con el espionaje al presidente del Gobierno y la ministra de Defensa, tras saberse el de los líderes independentistas, que cuando uno intenta hacer un análisis mínimamente serio no queda sino reírse.

Como se suele decir, reírse por no llorar porque aquí queda todo el mundo mal parado y lo peor es que la cuestión de Pegasus no deja de ser materia reservada de seguridad nacional, al margen del ridículo espantoso que supone para la propia imagen de país. ¿De verdad el Estado ha tardado un año en darse cuenta del “pinchazo” a los teléfonos de dos de las personas más importantes? Como nadie se lo cree y el Gobierno vuelve a mentir, la pregunta es por qué ese empeño en dejar a España a la altura de Mortadelo y Filemón del genial Ibáñez.

Solo hay una respuesta: el interés político del PSOE a costa de todos.

Temprano, muy temprano en un día de fiesta en la mayoría de comunidades autónomas, Moncloa convocaba a una rueda de prensa (había que pensar que de una trascendencia vital) del ministro de la Presidencia, que anunció que los teléfonos institucionales de Pedro Sánchez y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, sufrieron hace un año una intrusión con extracción de 2,6 gigas en archivos. En ese punto, Félix Bolaños quiso incidir en que el ataque fue “externo”, dando a entender que no tiene nada que ver con ello el CNI.

Publicándose al tiempo que este espionaje al más alto nivel se produjo durante el conflicto migratorio con Marruecos y con los indultos a los culpables del procés, se intenta desviar así la atención convenientemente sobre una posible responsabilidad de los servicios oficiales de seguridad. La estratagema estaba servida.

Pero al margen de que nadie cree ya a este Gobierno porque no para de mentir, y Sánchez el primero porque se ha ganado a pulso su falta de credibilidad, ¿por qué habría de sorprendernos que le “pinchen” el teléfono? ¡Claro que también habría que “espiar” o controlar o supervisar al presidente del Gobierno si da motivos para ello!

Si los servicios de inteligencia de un país tienen como misión primordial velar por la seguridad de ese país y resulta que se sospecha que el jefe del Ejecutivo, aunque haya sido democráticamente elegido, puede pactar con los que han dado un golpe de Estado, con los que justifican y defienden a un grupo terrorista con cerca de mil asesinatos a sus espaldas y se quieren separar unilateralmente de España, para llegar a acuerdos perjudiciales para la seguridad nacional, no parece mala cosa prevenir y adelantarse a los acontecimientos.

Si entendemos que un juez ha dado permiso a estos servicios de inteligencia a espiar a líderes de formaciones que no quieren el bien de nuestro país, resultaría lógico que ese permiso judicial se extienda a los elementos potencialmente nocivos para la seguridad de España, aunque vivan en la Moncloa.

Que las cabezas pensantes del Gobierno intenten vender este ataque como cortina de humo para que se nos olvide que se espió a líderes independentistas y “tranquilizar” al tiempo los ánimos de los socios separatistas de Pedro Sánchez con un pueril “a nosotros también nos espían” es volver a tratar de idiotas a los españoles. Y ya van unas cuantas, antes con Iván Redondo y ahora con Félix Bolaños. Pero no cuela.

A nadie sorprende que los servicios de inteligencia de un país vecino, como Marruecos o Francia, o no tan vecino, como EEUU, intenten espiar al presidente del Gobierno de España, pero es que creo que tampoco debemos llevarnos las manos a la cabeza porque el CNI español quiera saber hasta dónde es capaz de llegar Pedro Sánchez con tal de seguir con la vitola de primer presidente de un Gobierno de coalición con populistas y gracias al apoyo de filo-terroristas y separatistas. ¡Hay argumentos más que suficientes!

Dicho todo esto, resultaría especialmente interesante poder “espiar” por un agujerito y ver la cara del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuándo algún responsable del CNI le pasa y le explica el informe sobre los potenciales riesgos para la seguridad de España y aparece en el apartado de “investigados” su propio teléfono y el de la ministra de Defensa y, por poner más ejemplos, el del ministro del Interior negociando el acercamiento de presos etarras y el del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero apoyando a regímenes bolivarianos y el del exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, y el de…

Todo, hay que insistir siempre, con permiso judicial es legal. Sin él, no lo es. Nos indignamos y nos golpeamos el pecho con fruición e, incluso, proclamamos que pagamos nuestros impuestos, aunque no sea verdad, mientras invocamos los valores democráticos, la libertad, la seguridad jurídica y la transparencia, pero ¡ay, la transparencia!

Y digo yo: ¿Se imaginan que se filtran las posibles conversaciones telefónicas entre Sánchez y, por ejemplo, Carles Puigdemont? O con Arnaldo Otegui o con Oriol Junqueras o con Mohamed VI… ¿Creen ustedes que la ciudadanía aprobaría los términos, las formas, los tonos, las traiciones de unos y las rendiciones de otro?

En el caso de que se hubieran producido, porque todos también entendemos que el presidente del Gobierno de un país muchas veces tiene que hablar e intentar llegar a acuerdos con elementos que no son de su agrado ni de la mayoría de la población de ese mismo país, lo más probable es que no superara la prueba del algodón que supone el listón de lo políticamente correcto impuesto por la progresía institucional. Ninguna conversación privada, las mías, las de usted y las de ellos, en el convencimiento de que no saldrá de, precisamente, ese momento de intimidad, la superaría.

Al final, las trampas no ocultan ni hacen olvidar que lo únicos beneficiados son los de siempre: los amigos de ETA y los separatistas, que ganan una silla para fiscalizar al CNI, y, como siempre, el presidente del Gobierno, que sigue sentado en la silla del poder, pese a poner en riesgo constantemente la tranquilidad de los españoles. Ese es su único objetivo. Pero eso ya lo saben ustedes.