La Unión Progresista de Fiscales, a la que pertenecía Dolores Delgado, ha cosechado el peor resultado de su historia en las elecciones del Consejo Fiscal, con solo dos elegidos, Santiago Mena (498 votos) y Yolanda Orbe (445) frente a los seis de la AF (Asociación de Fiscales): María Isabel Gómez (1991 votos), Eva María Mas (1089), Miguel Rodríguez (1076), Roberto Valverde (1072) y Beatriz Sánchez (993).
Devastada por los comicios, Dolores Delgado ha decidido no dimitir, a pesar del rechazo de la carrera que mayoritariamente se ha manifestado en contra de la obsesiva politización a la que ha sido sometida.
La carrera está harta de cómo gobierna Dolores Delgado la Fiscalía General del Estado. Está alarmada, además, por el descrédito en el que ha caído una de las instituciones básicas del Estado. Con Dolores Delgado, la Fiscalía ha sido un instrumento político que obedece a Pedro Sánchez, poniendo en marcha todo aquello que el presidente del Gobierno sanchista considera conveniente para sus intereses. Como ha declarado Cristina Dexeus: “La campaña que realizó la fiscal general del Estado por distintas fiscalías para poner de manifiesto la bondad de sus actuaciones no ha convencido a casi nadie y la Carrera ha dejado claro que no está a gusto con esta situación de descrédito y de politización”.
Lo que opinan la mayoría de los fiscales está claro. También la reacción de impermeabilidad de la fiscal general. Parece dispuesta a continuar en su puesto erre que erre, fragilizando el conjunto de la Justicia española y sin otro objetivo que ayudar a que Pedro Sánchez se mantenga cómodamente sentado en su poltrona monclovita.