La primera vez que Carlos Alcaraz jugó contra Rafa Nadal en un torneo profesional fue en el Masters 1.000 de Madrid, en 2021. Por aquel entonces el jugador murciano accedió a la Caja Mágica, con 17 años y con una invitación. Y cayó con claridad contra el mejor deportista español de la historia (en segunda ronda). Viajaba en el puesto 120º del ránking mundial. Este viernes, el nacido en El Palmar se vio por tercera ocasión con el astro balear, en cuartos de final del campeonato capitalino. Con el rey Felipe VI en primera fila, tras celebrar su 19 cumpleaños y asentado en como el noveno mejor tenista del planeta.
Así resumió en la previa el ganador de 21 Grand Slams lo que se le venía encima: "Será un partido muy difícil. Él (Alcaraz) hoy está mejor que yo y con una dinámica muy buena. Y soy consciente de lo que hay. Soy realista, aunque lo voy a intentar. Pero a día de hoy está mejor que yo. Tiene esa energía del momento. Y en ese sentido parte con ventaja aunque yo haré todo lo que pueda por ganar". "Lo importante para mí no es quién esté mejor el viernes sino dentro de tres semanas (en Roland Garros) y ese es mi objetivo", zanjó.
Así las cosas, el estadio Manolo Santana se engalanó como nunca para asistir a un duelo con aspecto de choque generacional. De especial simbolismo para el tenis español. Se midieron los dos mejores jugadores de la presente temporada. No en vano, en 2022 Nadal presentaba un balance de 20 victorias, una sola derrota y tres títulos (Abierto de Australia y los torneos de Melourne y Acapulco), mientras que Alcaraz había cosechado 23 triunfos, tres partidos perdidos y tres títulos (Masters 1.000 de Miami y los torneos de Río de Janeiro y Conde de Godó).
Ambos jugadores llegaron tras ser exprimidos el jueves, respectivamente, por David Goffin y Cameron Norrie. Por ende, el factor físico se desnudó como uno de los elementos a tener en cuenta, más aún si se contempla que el manacorí llevaba sin jugar desde la final del Masters 1.000 de Indian Wells, por una incómoda lesión en las costillas. Y por esa vía comenzó a cimentar desde temprano el juvenil murciano un ritmo abrasivo de juego que derivó en el 6-2 que arrancó en el set inicial, en 47 minutos de exhibición.
La profundidad y potencia de los golpes de Carlitos -como reclama que se le conozca-, amén de su variedad de golpeos y ángulos, causaron problemas con celeridad a un Rafael que perdió sus dos primeros turnos de saque. De hecho, todavía cedería otro saque antes de la conclusión de una manga inaugural que dejó a la grada un tanto asombrada. La velocidad, agresividad e inteligencia en la lectura de las situaciones del tenista de recién estrenada mayoría de edad gobernó por completo el parcial. Con 'aces', subidas a la red, dejadas y globos de videoteca.
Nadal nunca poseyó la iniciativa y sólo alcanzó a defenderse. Acabó el intervalo con sólo dos golpes ganadores y ocho errores no forzados, en contraposición a los 19 'winners' y 10 golpes. Y trató de rebelarse contra la presión a la que le estaba sometiendo un aspirante sobrado de confianza. Con aplomo, astucia y sabiduría, el zurdo legendario dio más altura a sus golpes para frenar el tempo de su rival. Soltó algo su derecha y ganó presencia en los intercambios. Asomó más su jerarquía, en definitiva. Equilibrando el guión.
Y cuando estaba cambiando la dirección del viento, tras levantar un 0-40 con una superioridad pasmosa, Alcaraz se dobló el tobillo y dañó la mano con la que empuña la raqueta en una mala caída. Ese punto de inflexión pilló al murciano con 2-1 en contra en el marcador y tardó en volver a concentrarse, ya en sobrevivir. Muy limitado en su frondosa fluidez de movimientos, sufrió break tras break para caer en la segunda manga (1-6). La alegría de su tenis había desaparecido y Nadal, poco a poco, despegó hasta dominar cada pulgada de la tierra batida.
Se nubló en desazón el festejo del tenis nacional por un infortunio indeseable. Sin embargo, la dureza mental y personalidad de Carlitos saldrían a flote. Para devolver la deliciosa incertidumbre al partido. Ya con los dos tenistas compitiendo como se esperaba, al unísono, y se multiplicaron los chispazos de calidad. Para deleite del personal.
Renació la colorida ambición (y precisión) del murciano, con saques a más de 220 kilómetros por hora. Se volvió a jugar de forma acelerada, de tú a tú, en un cierre de choque vibrante. Consiguió Alcaraz una rotura definitiva del titubeante servicio de Nadal y gestionó la ventaja con una compostura llamativa. Para ponerle el lazo a esta trascendental victoria (6-3) que confirma su exponencial crecimiento. Dos horas y 28 minutos después, traspasó una de las fronteras que le faltaban por cruzar: batir a uno de sus ídolos. Y enfila las semifinales madrileñas, donde le espera otra cima, Novak Djokovic.