Opinión

¡Qué gremio!

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 07 de mayo de 2022

El de los taxistas de la ciudad en que reside el cronista; y, en general, el de España entera, integrado de ordinario por gentes bien avenidas con la honestidad y la templanza. Entre las muchas e inequívocas pruebas de ello encontramos una particularmente “moderna” y llamativa. Sin darle tres cuartos al pregonero y con ningún atisbo propagandístico sus más antiguos componentes han sabido incorporar a sus filas con rara elegancia y pulcritud moral a un porcentaje cada vez más crecido de mujeres que, con rapidez, adquirieron las tradiciones más alquitaradas del gremio.

Con todas las excepciones que se desee, al igual que ocurre en cualesquiera asociaciones y organismos, los taxistas ponen una acentuada nota de sensatez y bien hacer que no siempre es posible detectar en otros grupos sociales de extensión e importancia similares. Hasta donde alcanza la ya muy larga memoria del articulista su comportamiento se acomodó desde antaño a tales premisas, con un sobresaliente aporte a la mejor convivencia cuotidiana, en la que posee per naturam singular relevancia.

En estos meses, años ya, por desgracia, de inclemencia casi omnímoda de queja e inquietud de extenso radio en la colectividad española, con episodios y lances propensos al radicalismo, su mesura y discreción en los hechos (-cosa distinta es, por supuesto sus lamentaciones, incluso ab irato en lugares de ocio o esparcimiento, o en instantes de comprensible malhumor individual-) contribuyen en notable grado a rebajar la alta pulsión reinante hodierno en todas las manifestaciones públicas de nuestro convulsionado país.

Con todo, crucemos los dedos para que, en la presente coyuntura nacional de crispación casi insuperable, esta no rebase en sus miembros un nivel inembridable. Por sus condicionamientos, el gremio de taxistas puede convertirse en terreno especialmente abonado para que la actual polarización política y social encuentre en él uno de sus escenarios predilectos. Los medios, harto conscientes del gran impacto social de sus actitudes colectivas, acapararían las noticias más destacadas sobre sus causas y nefastas consecuencias, contribuyendo a enrarecer en elevada medida una atmósfera ciudadana cada día más tóxica por el avance irrefrenable de las posiciones escisionistas y el consiguiente retrocesos de las moderadas. Aún, por suerte, no se ha llegado a tal punto, pero en manera alguna cabe descartar tan pesarosa tesitura. Desde su muy modesta tribuna, el articulista hace votos para que no llegue.