Opinión

La vida de los otros, por Pedro Sánchez

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 08 de mayo de 2022

Lo ocurrido en el caso Pegasus es ciertamente extravagante, por no usar otro adjetivo más peyorativo. Un Gobierno democrático no puede dar un espectáculo como el que está ofreciendo. Pero más crucial que el insólito escenario mostrado es, sin duda, el ejercicio de reflexión que sobre lo sucedido puede hacerse. Y la primera meditación que resulta es qué cosas más extrañas hace Sánchez en su deseo de permanecer en el poder. Una vez descubiertas las escuchas a dirigentes independentistas, se anuncia por el propio Gobierno, a bombo y platillo, que el presidente también ha sido escuchado. Mal de muchos consuelo de tontos, pensaron en Moncloa para amansar a la fiera separatista. Una segunda reflexión: poco queda de aquella “alianza de la moción de censura”. Ya nada tiene que ofrecer conjuntamente, sino solo defender por separado las posiciones de cada uno de los aliados; y lo peor, es que ya algunas posiciones son incompatibles entre sí. Derivada de lo anterior es que tampoco se sostiene el Gobierno de coalición, en el que desde hace tiempo lo afirmado por una voz es negado por su propio eco.

En su discurso de investidura, el presidente del Gobierno allá por enero de 2020, presumió de “unir nuestras fuerzas en una coalición progresista que funcionará como un Gobierno unido”. Y cuando enumeró los objetivos de dicha coalición citó: “gobernar con una mirada progresista, alcanzar acuerdos amplios y transversales en los asuntos de Estado, y reducir mediante la política y el diálogo la tensión territorial y comenzar a superar el contencioso político catalán”. Luego añadió: “No resolveremos súbitamente un problema largamente larvado durante la última década (se refiere al contencioso catalán), pero podemos comenzar a resolverlo con paciencia y constancia, con templanza y responsabilidad, y con generosidad y empatía. Escuchando con suma atención, le faltó decir. Posteriormente, al referirse a los valores que “sustentarán esta Coalición Progresista” y citó el valor de la libertad: “el proyecto de la Coalición Progresista está indisolublemente unido a la libertad. La libertad frente a la intrusión arbitraria de las instituciones públicas, la libertad, también, frente a la interferencia interesada de quienes tienen más poder. La libertad, no para hacer nuestro capricho, sino para no estar sometido al capricho de nadie”. ¿Qué chocante verdad? Sobre todo cómo choca Pegasus con estas afirmaciones. Encaramado en la tribuna, Sánchez proseguía llenándose la boca de libertad: “en el régimen político democrático, la libertad supone una implicación activa de la ciudadanía en el Gobierno e implica también un control estricto de cualquier abuso por parte de los poderes públicos. Exige, en consecuencia, transparencia, limpieza y ejemplaridad”.

Sin duda, nos dirigimos directamente a una estrepitosa quiebra institucional. Broche final: “No hay ni habrá ninguna excusa, ninguna justificación, señorías, para ningún comportamiento irregular”. La máxima responsable del CNI debe estar acordándose de Barrionuevo y Vera. Porque pasan los siglos y, del GAL a Pegasus, siempre se repite la misma historia. Y es que una cosa es pronunciar discursos y otra gobernar un país.