El hierro de El Pilar-Moisés Fraile, de procedencia Fonseca-Doqmecq, brindó una corrida de buena estampa, serios y exigentes. El madrileño Javier Cortés, castigado por un astado en la Corrida de Concurso en 2019, salió con ganas de triunfar y conocimiento suficiente para conseguirlo. Bastardero fue parado por verónicas. El toro despierto y pronto, bravo podría darle mucho juego al tercio de varas. No pudo ser: citado a poca distancia, la vara resultó trasera y el empuje del toro fue castigado por el varilarguero recargando con empeño. El toro entra a tomar la segunda, pero con menos ganas. El tercio de banderillas apreciado por el público. El toro tomó la franela con ganas y buen son, Cortés lo entendió, ajustó las distancias y el temple para sacar meritorias series con la mano derecha. Se lanzó en el volapié y marcó una buena estocada que quedó un poco caída por el lado contrario de tanta entrega. Se cae el bravo primero, pero lo levantan con un capotazo inoportuno y ya se niega a doblar. El público se impacienta. Suena el aviso. El presidente, tardo, abucheado, concede la oreja. El cuarto de Cortés, Sospetillo, embiste con las manos en el aire el capote. El tercio de varas tiene protagonista: Óscar Bernal quien deja lucir al toro a distancia y administra las varas justas y lucidas. El toro tiende a desparramar la mirada, pero es pronto en el tercio de banderillas, buen trabajo de la cuadrilla con un quite oportuno. El toro embiste y Cortés quiere sumar méritos para abrir la Puerta Grande. Mas las primeras series con la mano derecha aupadas por el público quedaron en el olvido por alargar la faena, el toro se aploma y la estocada llega después de tres pinchazos y es delantera y desprendida. Aviso y descabello.
Mirilla al asomarse por la puerta de los chiqueros encandila al público: colorado, alto, galgueño, despierto, remata en tablas y no huye la pelea. Tomás Campos, discípulo de Urdiales, lo lleva por verónicas a los medios. Recibe dos varas que fueron cuatro, puestas sin lucimiento alguno a distancia que no merecía el morlaco tan acometedor. La faena en una sola palabra: indecisión. Frente a un animal exigente, que se ciñe y con un gran fondo se quedó sin explorar por el torero. El astado transmitía y embestía. El torero se desentendía, cortaba. Y para más injuria, un bajonazo… Arrastre lento y aplausos exuberantes al malogrado Mirilla. El quinto de la tarde empujó en el caballo con tanto celo y allí le agarró el Juca y allí casi se acaba el toro. Enhorabuena al ganadero, porque, después de primer encuentro que valió por tres, entra Burreñito a tomar la segunda vara. La faena no tiene ligazón ni ritmo. Pero el diestro tiene la rara idea sobre las reses de que alargando con ciego empeño en dar muletazos sueltos, puede llegar al público. Con el estoque pasa del primer pinchacito a un feo estoconazo, que todavía no tiene la denominación específica, cae en las costillas y atraviesa el pulmón causando un derrame.
Francisco José Espada, de Fuenlabrada, se enfrentó con Resistente y Guajiro. Resistente, codicioso, cumple en las varas e Iván García saluda en los rehiletes. Tiene sus querencias y pecados, como rehuir de la muleta, irse por libre. Espada le llama, le envuelve en la muleta y le persuade de que más mérito tiene seguir en la brega que correr. ¡Correr! Eso es de cobardes. Le roba las series de gran valor. Sin embargo, un instante y se descompone todo. Volver a colocarse y buscar la ligazón. Acaba jugándoselas con manoletinas. Remata con fulminante estocada. El valor exacerbado fue también lo que marcó la faena del sexto, Guajiro, el más grande de la tarde que sigue las pautas marcadas por sus predecesores. Toma las varas, señala las querencias en las banderillas, y en la faena el torero se queda entre los pitones que le llegaban hasta la cara sin achicarse. Un valor y serenidad que, desgraciadamente, no llegan a transmitir. La estocada requiere el uso del descabello que se atasca.