Llegó uno de los festejos más esperados. Se colgó el cartel de no hay billetes. La Oreja de Oro de Morante junto con el Hierro de Oro de La Quinta coinciden en el mismo redondel de Las Ventas. Añadamos a esto a El Juli quien ha hecho historia saliendo siete veces por la Puerta del Príncipe. Y, además, Pablo Aguado que salió a hombros en la Linea de la Concepción y triunfó en Castellón. La expectación no cabía en la plaza.
Antes del paseíllo, entre los diestros hubo cordialidad y buen son. Recordemos que Julián López, aunque sea sin proponérselo, ha contribuido en la última obra de arte del maestro Morante en Sevilla (7 de mayo), porque eligió la ganadería de Garcigrande (4 de mayo), cuyo sobrero alumbró la tarde como un cometa destacándose entre los apagados “torrestrellas”.
Sale el primero de nombre Lorito. La fina intuición de Morante le avisó después de la primera colada de que había poca tela que cortar. Noblote, fue a tomar dos varas, pero complicó la labor de los banderilleros. El resultado de la faena fue escaso, alguno naturales sueltos y una serie con la mano derecha. Sin alargar, contrario a la costumbre actual, pronto se fue a por el estoque. Ladrillito, el cuarto, recibido con buenas verónicas, bregó en el caballo, pero perdió las manos. Voluntarioso Morante probó, pero desistió de hacer el quite por el achuchón que le dio. El toro era manso y malo. El Lili se salva de milagro después de aguantar y poner las banderillas en terrenos comprometidos; no hubo más pares sino palos sueltos. El morlaco es complicado, de embestida incierta, cabecea. Unos muletazos y estocada algo caída después de varios pinchazos.
El lote de El Juli fue complicado, pero prometedora su actitud. De maestro. El segundo de la tarde, Bellotero, fue picado con la primera vara rectificada varias veces y recargada sin limitación. Aguado se animó a responder en el quite, pero en los medios el toro no se dejó. Las series de El Juli parecieron de ralentí, sobre todo, por la derecha. Mantenía la muleta a la misma distancia del hocico del toro apenas rozándolo. El toro se embebía con la franela. Gran conocimiento y manejo de los tiempos y de las reses del maestro. EL doble pase de pecho y trincherillas finales fueron un broche de oro. La plaza en pie. Una gran ovación y una oreja.
Gañafote, el segundo del madrileño, echó las manos delante y salía suelto del el capote. Toro difícil. El Juli aguantó tremendas coladas en el mero principio de la faena. Parecía que no había manera de sacar un pase de este toro que le comía el terreno al diestro. Sin embargo, el maestro bajó la mano y sacó una serie aseada con la diestra. Toreaba con los vuelos de la franela. Pero, ay, los naturales que logró fueron de gran valentía y profundo conocimiento. De una figura del toreo. Una cosa es torear y otra es saber torear, como siempre insistía Corrochano. Aunque los pinchazos en la suerte suprema le quitaron la oreja, que abría la Puerta Grande, la vuelta al ruedo fue apoteótica con todo el público puesto en pie. La faena es de las que hacen afición. Historia.
No fue la tarde de Aguado. Intentó parar al primero de su lote con unos lances de temple. Pero… La primera vara caída, el toro bregó y empujó, el picador Manuel Bernal fue aplaudido. En el siguiente tercio Iván García se desmonteró para saludar por los pares puestos. La faena comenzó con las prometedoras series por ambos pitones, templados y con ritmo. Mas Camarero empezó a complicar la embestida y Aguado desconfió y dejó la faena sin rematar provocando leves protestas del público. El toro fue aplaudido en el arrastre. El último, Jaquetón, le dejan suelto y descompone la suerte de varas. Aseado tercio de banderillas sin un solo capotazo innecesario. La faena no tuvo el ligazón, aunque sí buenos pases en el estilo del diestro. Habrá que esperar al próximo.