La Constitución Europea, a la que en Francia en un referéndum sus ciudadanos dijeron que no, lo que cerró precipitadamente la puerta al proceso europeo de ratificación para que la cosa no fuera a peor, decía en el prefacio a las partes I y II que la Unión había llegado a un “punto de inflexión.”
Es decir, que aquella constitución estaba en el espacio no en el tiempo, no era una evolución sino la localización de una organización que pretendía adquirir estado ya de mayor.
No obstante, tampoco estaba en cualquier parte sobre el plano, eso no, sino en un punto matemático, allí donde una curva empieza a cambiar de dirección ¡No se iba a quedar la Unión en la balda, eso sí que no!
Ahora, en el momento presente, otra vez en Francia, su recién reelegido presidente, Emmanuel Macron, ha vuelto con Europa a la inflexión ¿Tendrá esa función algo de irresistible atracción para la repetición?
Macron propone la creación de una "Comunidad Política Europea”, pero ¡atención! porque es una organización solo para la cooperación no para la integración como la Unión.
La Unión Europea, como no ha querido habilitar un procedimiento específico de adhesión para Ucrania, va a comprobar ahora cómo la historia, que tiene memoria y no tiene piedad, superpone otra entidad a su identidad.
Macron ha dicho que los procesos para incorporar nuevos estados no pueden ser a corto plazo la única forma en la que el continente europeo pueda estructurarse, insistiendo en la dimensión espacial y abogando como solución por una nueva comunidad.
Un proceso de ingreso, técnicamente largo y complicado por definición, para la integración en un mercado interior no puede, evidentemente, servir también para resolver una cuestión de espacio inmediato en una inflexión. Pero lo que quiere Macron es otra organización, la cual según él "permitiría que las naciones europeas democráticas que comparten nuestros valores encuentren un nuevo espacio para la cooperación política, en seguridad, energía y transporte y para invertir en infraestructuras.”
Se acabó, pues, la función del mercado para ser reemplazado por un marco nuevo ampliado pero desintegrado, como de retales formado. "Unamos Europa sobre la base de su geografía y de sus valores democráticos con el deseo de mantener la unidad de nuestro continente", añadió Macron, trasladando la unidad a otro plano, pero que “ha de preservar la fuerza y la ambición de nuestra integración”.
La fórmula de ejecución no está aún clara, el mismo Macron dice que consultará con todos los interesados cómo plasmarla. A su juicio, muchas de sus ideas se pueden aplicar sin realizar reformas institucionales en la Unión Europea, pero para otras cuestiones habrá que celebrar una convención y revisar los tratados, aunque ya ha señalado que los principales rasgos serán “la independencia y la soberanía” y la eficacia como lección aprendida.
¿Es qué quiere Macron, entonces, superar no solo a la Unión Europea como organización sino también, de un tirón, al estado nación? Eso es mucho cambio, Macron.
La geografía constituye un escenario que se hace a base de trozos, cosido con un hilo muy fino que viene desde el pasado ¿Hay tierra a la vista? Si fuéramos profetas diríamos que si, sí sinceros que no.
Orlando solo una vez antes se vio de imprevisto, expuesto tan directo, a una situación similar…”and love with its horrid rout, its shawms, its cymbals, and its heads with gory locks torn from the shoulders had burst in”.
Mirado el asunto geométricamente y llegada hasta tal punto de inflexión, Europa tira por la tangente. No, no tienes perdón Europa, otra vez no.