Opinión

Italia, el gusto del exceso

Andrea Donofrio | Domingo 28 de septiembre de 2008
En la actualidad, Italia se está convirtiendo en el país de los excesos: excesos en todos los campos y sectores, desde la vida política a la cotidianeidad, desde la televisión a asuntos sociales, tanto que la desproporción o la exageración no parecen más como tal y se aprende a convivir con ello, considerándolo la normalidad. El panorama nacional está lleno de ejemplos donde el surrealismo de las acciones gubernamentales se mezcla con la excepcionalidad de las medidas adoptadas: la comparación con otros países evidencia está desproporción.

En los últimos días, el descubrimiento de leche en polvo contaminada con melamina proveniente de China ha provocado la preocupación general; los gobiernos y los Ministerios de salud pública de todos los países de la Unión Europea han públicamente invitado a los ciudadanos a no consumir productos de este tipo y controlar la proveniencia de los alimentos presentes en los almacenes locales. El gobierno italiano considera que no es suficiente, añadiendo una postdata: “se recomienda no comer en los restaurantes chinos”. Curiosamente, hace algunos meses, mientras Bruselas abría una investigación sobre la presencia de dioxina en la mozzarella y preventivamente Corea de Sur y Japón decidían bloquear las importaciones, el gobierno italiano se declaraba perplejo e indignado, tachando la mediada de absurdo boicot frente a unos pocos casos y de “ofender la cocina nacional”.

En el campo económico, el mundo entero está viviendo una etapa de dificultad y crisis: Italia quiere ser la “primera de la clase”, mostrando una economía estancada e incapaz de progresar. Según varios organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Organisation for Economic Co-operation and Development), el 2008 significará para Italia un año de crecimiento cero, mientras la UE lamenta la falta de rigor del gobierno italiano, que, a diferencia de otros ejecutivos, no sigue los dictámenes europeos. Mientras muchas compañías aéreas están en crisis, Alitalia, la aerolínea nacional de Italia, vive meses (años) al borde de la quiebra tanto que la gente desconoce si ya ha quebrado, si está a punto o si la han salvado mediante la clásica solución de compromiso y paliativa estatal. La compañía de trenes, firmas de moda y empresas nacionales versan en una difícil situación y el futuro se presenta poco esperanzador.

En política exterior, uno de los momentos más emblemáticos de la nueva gestión fue la crisis de Georgia: mientras los Ministros de Exteriores de la Unión Europea se reunían urgentemente para discutir una postura común y la mejor manera para enfrentarse al caso, el ministro italiano, de vacaciones en el Caribe, decidió mandar un subsecretario y, frente a las criticas, declaró molesto: “Yo también tengo derecho a vacaciones y si pasa algo en este periodo, no es mi culpa”. Pues no se trata de culpa, sino de responsabilidad.

La militarización de las calles, la adopción de medidas en tema de inmigración, los proyectos de ley en materia de seguridad o prostitución denotan la actitud del gobierno caracterizado por “ir siempre más allá”, buscando más el sensacionalismo que la eficacia. Las decisiones adoptadas han conseguido portadas pero no resultados. Las acciones del gobierno Berlusconi han interesado, indignado o divertido la opinión pública de medio mundo ya que los periódicos de varios países reportaban sus acciones, preguntándose no tanto sobre su eficacia (discutible) como si se trataba de algo serio. El gobierno parece animado por el deseo de “hacerlo a lo grande”. ¿No sería mejor hacerlo bien?

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