Opinión

La regla dolorosa y el impuesto por la higiene femenina

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 17 de mayo de 2022

Llevamos unos días oyendo hablar sin parar de menstruaciones dolorosas y de la necesidad de regularizar de alguna forma las bajas laborales para las mujeres que las sufren. Consideraciones aparte, que ahora las expondremos, llama la atención, o por lo menos a mi me resulta tremendamente llamativo, que algo así se tramite dentro de un anteproyecto que reformará la Ley del Aborto. Además, el texto incluye apartados para asuntos igual de dispares, por no decir totalmente opuestos, como son los vientres de alquiler o permisos de maternidad. ¿No son términos antagónicos, incluso enfrentados, aborto y maternidad?

Repito, llevamos días oyendo hablar del asunto porque se filtró convenientemente, el borrador del texto hace algo más de una semana. Cuestiones que no se entienden que se metan en el mismo saco, que no se han consultado con especialistas objetivos (seguro que se ha preguntado a muchas asociaciones afines a los partidos del Gobierno de coalición, por lo general, generosamente subvencionadas), que vienen a resolver problemas que ya tenían solución y que, además, en algunos casos se quedan a medias.

Pero claro, hay prisa, mucha prisa, por apuntarse el tanto antes que otros, por hacer cosas para aparecer en los papeles, por ser los más feministas, para justificar sueldos y prebendas de altos cargos y, sobre todo, para intentar hacer historia porque no van a tener otra ocasión. Podemos, la formación de Irene Montero y de Ione Belarra, con Pablo Iglesias en la sombra, tiene una urgencia: necesita aprobar proyectos, aunque no estén suficientemente debatidos y evaluados con expertos, porque se le acaba el tiempo y no es probable que vuelva a estar nunca más en un Gobierno con ministerios bajo su responsabilidad. No porque la ciudadanía no les vuelva a votar, sino porque el propio partido está en fase de descomposición.

Mientras, a seguir viviendo del cuento a costa de las mujeres y su supuesta lucha cuando, contrariamente, señalar a una mujer por ser mujer no es defender su causa. Y no lo dicen solo responsables de partidos de centro y derecha, que lamentan que se les cuelgue el cartel de “menstruantes”, lo apuntan también las de izquierdas que opinan que se estigmatiza (la misma ministra Nadia Calviño fue la primera en hablar esos términos) si se destaca, ya lo saben, que las españolas puedan obtener bajas laborales por reglas dolorosas.

Dice la ministra encargada de defender a la mujer que “avanzamos para que ya no sea normal ir al trabajo con dolor y para acabar con el estigma, la vergüenza y el silencio en torno a la regla”. No da ni una la ministra, porque en este país hace muchísimos años que nadie, hombre o mujer, va a trabajar con un dolor insoportable. Todos nos hemos levantado algún día con dolor, de muchos tipos, y hemos podido pedir la baja. Y si el problema se alarga, el médico decide hasta cuándo.

La vicepresidenta de la Asociación de Afectadas por Endiometrosis, Ana Ferrer, apuntaba recientemente que esta norma “solo sirve para normalizar el dolor”. Explicaba en televisión que no aporta nada, más bien al contrario, porque “si se expide un cheque en blanco en una baja menstrual”, con esta “banalización del dolor menstrual” va a ser más difícil que deriven a las mujeres que sufran este problema real a Ginecología.

Concluía esta experta con una recomendación y es que cuando se hagan leyes para la salud de las mujeres se cuente con las representantes de las patologías femeninas.

Cabe el consuelo de que eso de la baja laboral, como viene siendo habitual, depende del médico, del que sabe, y no de una ministra de Igualdad como Irene Montero, que está de paso y que intenta sobrevivir al estigma, este sí, de estar ahí porque la colocó su jefe y entonces pareja sentimental, padre de sus hijos. La mencionada regla dolorosa tendrá que ser incapacitante, según un doctor de verdad, eso alivia, para que se pueda tramitar una incapacidad temporal especial que abone la Seguridad Social desde el primer día y sin límite de jornadas.

En definitiva, poco nuevo que aportar, pero Montero tilda la norma de “revolucionaria”. Todo, como siempre, de cara a la galería, palabras al gusto de sus votantes, aunque mucho pensar en cómo ayudar a la mujer, pero a la hora de gastarse el dinero, resulta que el texto de la nueva reforma no va a incluir un IVA superreducido del 4%, que lo mejor sería eliminarlo, para los productos de higiene femenina. Es decir, seguirá recaudando impuestos, que es de lo que se trata, de recaudar, a costa de la menstruación de las mujeres.

La norma no tranquiliza a las empresas, que temen que se abuse de esta baja, pero tampoco a muchas mujeres, ya que el Gobierno más feminista que jamás haya tenido este país sigue así cobrando con un 10% de IVA los tampones, las compresas o los pañales. Lo primero es lo primero… ¡Y eso también duele!