Opinión

Paul Newman: el hombre que era cine

Domingo 28 de septiembre de 2008
Poco se puede decir de Paul Newman sin caer en la obviedad. Los ojos más azules de Hollywood fueron, más que los de un actor, los del propio séptimo arte. Porque él no era solo una pequeña parte del cine, ni siquiera un gran exponente del cine: él era cine. Su mirada era cine, su ademán era cine, sus andares eran cine, su espíritu…bueno, su espíritu era el de un piloto de carreras.

Paul Newman era un galán de esos que escasean entre las grandes estrellas. Jamás disfrutó de la exposición pública, mostrándose siempre muy celoso de su vida privada. Vida que disfrutaba en compañía de su familia y de su esposa, la actriz Joanne Woodward, a la que conoció durante el rodaje de “El largo y cálido verano” y de la que ya no se separaría hasta su muerte. Sin embargo, el mundo le recordará al lado de otra pareja, esta exclusivamente profesional. Hablamos de Robert Redford, junto al que Newman protagonizó algunas de las películas más exitosas de todos los tiempos, como “Dos hombres y un destino” o “El golpe”. Sin embargo, el actor siempre huyó de los papeles de conquistador y de los directores que perseguían explotar únicamente su faceta estética. También se alejó de Hollywood y de su voraz maquinaria comercial, instalándose en la Costa Este, desde donde sacrificó el celuloide por la filantropía. La lucha por los derechos civiles se convirtió en un eje central de su vida y su activismo contra la guerra de Vietnam le granjeó muchas enemistades, especialmente la del presidente republicano Nixon, de la que siempre presumió con orgullo. También trabajó por la salud de los drogodependientes, creando un centro de desintoxicación después de que su hijo Scott muriera de una sobredosis. Y se convirtió en un gran benefactor social desde la presidencia de su propia empresa.

Obtendría su primer Oscar en 1986, un premio honorífico a toda su carrera. El segundo llegaría un año más tarde, por su papel en “El color del dinero”. El cine le permitió descubrir otra de sus pasiones, el automovilismo, al que no pudo entregarse de modo profesional por un problema de daltonismo. Algún defecto tenían que tener esos ojos.Y, al final, fue el cáncer el único que pudo ganarle la carrera. Atrás dejó una vida de película, dentro y fuera de la pantalla. Paul Newman pasó, pero nos queda su leyenda, la leyenda del indomable. El mito del hombre que era cine.

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