Durante su intervención, Mesa culpó al actual presidente de haber acabado con el concepto de República o de Nación, sustituyéndolos por un férreo Estado que controle todos los ámbitos de la vida política y económica del país. Además, el ex presidente fue muy crítico con la política de nacionalizaciones y la centralización del poder que está poniendo en marcha Evo Morales.
Cuando ocupaba la Presidencia se mostró muy crítico con Evo Morales, acusándole de actuar de forma irresponsable. Según su opinión, un jefe de la oposición no sale a la calle y, por eso, le reprobaba que ejerciera como un “dirigente social”. ¿Considera que ahora Morales se está portando según su papel? ¿Le parece consciente de las responsabilidades que conlleva ser presidente de Bolivia?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que Morales es un hombre autoritario, poco dialogante, que actúa más como un dirigente sindical que como un jefe de Estado. No parece capaz de separar su actividad actual de máximo dirigente del país de la de dirigente del sindicato de cocaleros (que además sigue ejerciendo). Secundariamente, hay que subrayar su preferencia por una lógica de confrontación más que de dialogo. La incapacidad de entender su papel podría tener consecuencias dramáticas por Bolivia. Morales se presenta como un mandatario centralista y concentrador, mientras el proceso autonómico es una realidad del país. En consecuencia de esa actitud, Morales apuesta por centralizar el país, sustituyendo la independencia de los poderes por la coordinación. Su actitud pone en discusión hasta el reparto de poderes y podría terminar con la separación de poderes en Bolivia, poniendo el poder legislativo al servicio del ejecutivo.
En tema de autonomías, como presidente y posteriormente, usted lo calificó como un proceso irreversible y que sería absurdo frenar. ¿Qué opina? Las autonomías responden a una demanda legítima; sin embargo, sus pretensiones chocan con la voluntad de Morales y su vocación centralista. Morales cederá lo menos posible en tema económico y tratará de mantener un control férreo de la sociedad. Sin embargo, hacer ciertas cesiones a las autonomías no es igual a la descentralización. Si los arreglos no son satisfactorios para los dos, volverá la violencia. El presidente muestra su incapacidad de realizar una lectura del futuro: en lugar de mirar en el espejo adelante, Morales sigue mirando en el espejo retrovisor.
El 6 de marzo de 2005, dimitiendo como presidente del país declaró que “no habrá muertos sobre mi espalda”, retando a Evo Morales a gobernar el país. ¿La suya fue una previsión, una sospecha o un presentimiento?
Bolivia vive una crisis profunda y, de la misma manera, la sociedad boliviana está viviendo un momento complejo, que no se puede reducir a una confrontación entre regiones, entre ricos y pobres. Sería correcto pero no suficiente para explicar la situación actual. Hay un planteamiento diferente no sólo en tema social, económico y político, sino una nueva visión que rompe con el paradigma liberal-occidental para construir una nueva Constitución. La situación no debe ser simplificada, sino analizada a varios niveles y matices. El momento es complejo y la sociedad debe reconducir la democracia salpicada de muertos, volviendo a respetar los derechos humanos. Desde que Evo Morales es presidente, la conflictividad política se ha cobrado alrededor de 50 muertos.
En el pasado declaró que “Bolivia ha tenido una experiencia histórica permanente, una suerte de drama crónico vinculado a su estabilidad y siempre da la sensación de que está al borde del abismo”. ¿Considera que el abismo ya ha sido tocado o aún no?
Bolivia tiene una gran tendencia a acercarse al abismo. Afortunadamente, en el último segundo, siempre experimenta un momento de lucidez que le hace detenerse frente al borde del precipicio y no saltar, pero, inmediatamente después, se pregunta dónde está el próximo abismo. Bolivia está en un límite en el que no ha estado nunca en su historia, pero confío en que, después del clímax de confrontación, habrá una reflexión y una reconducción de la política. Morales debe entender que ya estamos suficientemente a borde del abismo y es el momento de negociar. Hay que dar algunos pasos más.
¿Qué opina del proyecto Constitucional presentado por Morales?
La Constitución propuesta por el gobierno de Morales no es un pacto social, sino un ajuste de cuentas con la historia. El texto establece un “plus indígena”, previendo cuotas que penalizan el criterio meritocrático en favor del color de la piel. La Constitución no genera igualdad, sino racismo: a diferencia de la actual Constitución, la nueva sería discriminatoria.
Un última pregunta, ¿en este contexto ha pensado volver a la política?
Sí, con un elemento crucial: no creo que una elección resuelva nada en Bolivia. Tengo que construir un discurso en el marco de un partido y Bolivia no tiene que discutir un programa de Gobierno sino la esencia de su ser como país. Ahora es necesario reconstruir el sistema político boliviano.