“El Gobierno de Pedro Sánchez -ha declarado Gabriel Tortella- está en una política de entendimiento con los independentistas, pero eso no es entendimiento. La afirmación es totalmente falaz porque los separatistas son menos de la mitad en Cataluña”. El secesionismo está imponiendo un relato falso que el presidente del Gobierno español acepta como bueno porque necesita los votos de los diputados separatistas catalanes para mantenerse sentado en la silla curul de Moncloa.
Las “embajadas” de Cataluña en el mundo, que acogieron a parientes, amiguetes y enchufados con suculentos sueldos, dejaron de funcionar cuando cesó la financiación del Estado español. Y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que suspendía la autonomía de Cataluña, no provocó reacciones relevantes. “Parece mentira que no se haya aprendido nada, que no sepamos que el separatismo vive porque recibe las subvenciones que le otorga el Estado español”, afirma Gabriel Tortella. Y añade: “No tiene sentido que el Estado español sostenga las escuelas catalanas en las que se elimina la enseñanza de la lengua castellana y se ataca al Estado español, diciéndoles a los niños desde párvulos que España es una entidad artificial y que Cataluña padece bajo un Ejército de ocupación”.
Para Gabriel Tortella la clave de todo está en la financiación: “Con el independentismo catalán se podría acabar muy rápidamente si se le dejara de subvencionar desde el Estado español”. No solo se financia toda la propaganda independentista “sino que se asfixia a las fundaciones o asociaciones que combaten en Cataluña las patrañas secesionistas”.
Y solo hay un motivo de fondo en el maná económico que Moncloa derrama sobre la turba secesionista. Pedro Sánchez necesita el plato de lentejas, el puñado de escaños, que el secesionismo controla en el Congreso de los Diputados.