Opinión

Luis García Montero, poeta y amigo del alma

TRIBUNA

Roberto Alifano | Lunes 30 de mayo de 2022

A más de cuarenta años de distancia, recuerdo como si fuera ayer, aquella mañana cuando llegué al departamento de Borges acompañado por el joven poeta Luis García Montero. Era en los inicios de la década del ’80, época en que yo colaboraba diariamente con el autor Ficciones. Luis había llegado a Buenos Aires acompañando a una delegación de Granada que nos visitaba por un intercambio cultural realizado entre las dos ciudades. Era muy joven y representaba a los poetas granadinos, y fue en ese encuentro cultural donde nos estrechamos la mano por primera vez. Debido a su interés por conocer a Borges, le propuse presentárselo la mañana del día siguiente. Cuando llegamos, un poco pomposamente, yo le dije al dueño de casa:

“Borges, he venido acompañado por un joven poeta de Granada”.

Y Borges, sonriendo, con su picardía habitual, exclamó:

“¡Ah, pero qué bien! Bue-ee-no, yo también fui joven alguna vez; pero no sé si soy poeta”.

Robert Louis Stevenson, que fue un hombre de amigos, escribió que “la amistad es un regalo del corazón que nos damos a nosotros mismos”. Ese sentimiento esencial de fraternidad, acaso no se define por la frecuentación del encuentro entre dos personas, sino que es un sentimiento, un pacto de sensibilidad que se establece y perdura a través del tiempo, o más allá del tiempo. Durante años no nos vimos con Luis García Montero. Pero nuestra sellada amistad de aquellos memorables días, estoy seguro, es una afectividad compartida, que se sigue renovando constantemente. En su poesía, él recupera ese tiempo que fue y sin duda seguirá siendo:

Se descalzan los días
para pasar de largo sin que nos demos cuenta.
Son casi despedidas, casi encuentros
-felices pero incómodos-
de cuerpos que se miran
y que aplazan la cita.
Aunque detrás,
suelen quedarnos huellas que no son los recuerdos.

No hace mucho, en la Feria del Libro de Madrid, acompañado de otro amigo, el escritor Alejandro Vaccaro, me acerqué a una caseta donde Luis firmaba ejemplares para saludarlo. Confieso que mi memoria, en muchos casos, resulta envidiable y en otros lamentable o, mejor dicho, desastrosa. Disimuladamente compré un libro de Luis y esperé para que me lo firmara. Creo que él tampoco recordaba demasiado mi cara pero, cuando le dije mi nombre para que lo estampara en el volumen, ante mi sorpresa, se puso de pie para estrecharme en un fraternal abrazo y evocar el maravilloso encuentro con Borges del que me enorgullece haber sido artífice. Años que no nos veíamos. Inmediatamente quedaron borradas esas distancias.

Huelga decir, que, desde aquel momento, nos reconocemos y cuando podemos lo celebramos con una botella de buen vino mediante. Ahora estuvo en Buenos Aires, en este caso invitado por la Feria del Libro, y asistí a una de sus conferencias auspiciada por la Academia Nacional del Folklore, donde fue distinguido, además, como “ilustre visitante” de nuestra ciudad. Obviamente, sus compromisos eran muchos y no tuvimos oportunidad de vernos con el tiempo suficiente para conversar. Pero, sin duda, lo haremos pronto en Madrid, donde dirige el prestigioso Instituto Cervantes. Nunca se pierden las esperanzas de otro encuentro mano a mano sobre el tema que a ambos nos apasiona: el compartido amor por el arte de la literatura.

Aquí, en Buenos Aires, como funcionario invitado de su país, Luis García Montero participó de actividades coorganizadas por el Instituto Cervantes, la Embajada de España y el Centro Cultural de España y la Feria del Libro, claro, entre otras instituciones. El jueves 12 de mayo encabezó, con el fondo musical del ya célebre “Cuarteto Aguilar”, un recital bajo el título “Invitación a un viaje sonoro, cantata para versos y laúdes”, que recrea un famoso concierto que tuvo al frente en su momento al admirado Rafael Alberti y el antiguo “Cuarteto Aguilar”, en el que interpretaron repetidamente allá por los años 40’ y 50’ una evocación y homenaje a las “culturas hispanoamericanas” que, según se sabe, fue magnífico (lo sigue siendo) y digna de ser evocada, en este caso por un poeta ilustre heredero de don Rafael.

El siglo XXI es arduo y complejo; se nos ha convertido en viejo antes de cumplir los 25 años -enfatizó, Luis García Montero, en oportunidad de este fructuoso viaje, y como crítica a la época que nos toca vivir-. Porque ha vuelto a repetir todos los antiguos defectos, algunos abominables. Y creo que nosotros hacemos bien en poner en duda a las verdades escritas con mayúscula en el dogma, y tenemos derecho a crear una verdad en minúscula que sea un pacto de valores que conviene defender”. A este acto siguieron otros también importantes de ser destacados, donde el poeta expuso sus lúcidos puntos de vista.

Luis nació en 1958 en la patria chica de Federico García Lorca y en este sendero, desde muchacho, lo atrapó la poesía. Estudio literatura y fue catedrático de la Universidad de Granada. Pertenece a la “generación de los ochenta o postnovísimos”, dentro de la corriente denominada “poesía de la experiencia”, de la que es uno de sus principales referentes. En 1982 recibió el Premio Adonáis por su poemario El jardín extranjero. A partir de allí su trayectoria personal se fue ampliando; como uno de sus aportes teóricos, ha reeditado con un minucioso estudio las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. En 2002 fue elegido académico de la Academia de Buenas Letras de Granada y es columnista de opinión de diversas publicaciones de España. Entre los galardones poéticos que ha obtenido, además del mencionado Premio Adonáis, figuran el Premio Federico García Lorca, el Premio Loewe y el Premio Nacional de Poesía con el que fue galardonado en 1995, en otro terreno de su creación se suman el Premio Nacional de la Crítica de 2003. En el año 2010 se le concedió en México el Premio Poetas del Mundo Latino por su trayectoria. Desde 2018 Luis García Montero ocupa la honorable dirección del Instituto Cervantes.

Cabe agregar, como un broche significativo a su historial, que en marzo de 2016 se estrenó en el Festival de Cine Español de Málaga la película documental Aunque tú no lo sepas dedicada a su formidable obra poética, en la que participaron TVE y el Canal Sur. Se trata de un merecido acercamiento a su vida y obra a través de personalidades como los músicos y trovadores Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Quique González, Ismael Serrano y Nach; una lista a la que hay que sumar también a los escritores Almudena Grandes, Felipe Benítez Reyes y Benjamín Prado, a la periodista Àngels Barceló y al actor Juan Diego Botto. Desde 1994 hasta 2021 Luis compartió su vida con la escritora Almudena Grandes, dolorosamente fallecida durante el pasado año. Tiene tres hijos.

Otra de las característica destacable de nuestro aedo es “el narrativismo histórico-biográfico” de sus poemas, concebidos desde una estructura casi teatral o novelística con un personaje o protagonista que cuenta o vive su historia a través de la memoria, del recuerdo o del deseo. Su poesía se caracteriza por un lenguaje coloquial y por la reflexión a partir de acontecimientos o situaciones cotidianas.

Como cierre a esta celebratoria y humilde reseña, le cedo la palabra al poeta Luis García Montero para que nos deslumbre con sus incomparables versos:

Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,
con ese mismo invierno que hiela las canciones
cuando la tarde cae en la radio de un coche,
como los telegramas, como la voz herida
que cruza los teléfonos nocturnos
igual que un faro cruza
por la melancolía de las barcas en tierra,
como las dudas y las certidumbres,
como mi silueta en la ventana,
así duele una noche,
con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,
con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,
pues todo se me olvida
si tengo que aprender a recordarte.

Y su “Canción amarga”

En la cara lleva
tres años perdidos
y el frío de las seis de la mañana.

Van a partirle el corazón.
De pronto
la luz apagada,
los pasillos turbios,
la puerta que clava su ruido en la espalda.

Van a partirle el corazón.
Y arrastra
una cadena oscura
de pasiones heladas,
ese frío que cabe solamente
detrás de una palabra.

Y yo la veo caminar,
despacio,
perderse en lo que anda,
fugitiva tristeza que va y viene
de la sombra a la puerta de mi casa.

La luz artificial deja en la calle
el temblor silencioso
de tres barcas ancladas.

Cuando ella cruza por mi lado siento
como un golpe de remos
y un murmullo de agua.