No sé por qué algunos dirigentes políticos se rasgan las vestiduras ante la actitud de Podemos de no contribuir a la apoteosis de la OTAN en España, atizada la vasta operación otánica por el bastón de mando del presidente del Gobierno.
Pedro Sánchez piensa desde hace muchos meses en la posibilidad que tiene de convertirse en presidente del Consejo de Europa. Ante una probable catástrofe electoral en España, la fórmula de Pedro Sánchez para eludir el precipicio y la caída está en Europa. Y viaja sin cesar, habla de forma incontenible, hace concesiones como la del Sáhara, envía armas a la guerra de Ucrania y gestiona para que su candidatura se haga viable.
Las sombras electorales nacionales caen sobre el palacio de la Moncloa. Pedro Sánchez y su entorno buscan una salida razonable y creen haberla encontrado en Europa. El despliegue de Pedro Sánchez en favor de la OTAN es sobresaliente. A sus antecesores, que durante un tiempo establecieron el “OTAN, de entrada, no”, Pedro Sánchez les replica con el entusiasmo adolescente en favor de la cumbre de la OTAN en España. Se juega mucho el presidente del Gobierno y lo sabe. Por eso ha decidido echarse a la espalda la indignación de Podemos a pesar de que no solo forma parte del Gobierno de coalición sino que ha sido el gestor eficaz para que secesionistas catalanes y vascos, comunistas de vario pelaje y bilduetarras le hayan apoyado desde el órdago de la investidura hasta los Presupuestos Generales del Estado. Los podemitas, además de colaborar en el Gobierno, son la clave de que la extrema izquierda apoye al presidente español en sus proyectos legislativos.
Pero la OTAN es otra cosa. La OTAN es el militarismo y, para Podemos, la violencia. Y ahora se encuentra con que el “Gobierno de progreso” apuesta por la OTAN y la mima con ternuras de enamorado. Mal asunto para el sanchismo en su situación interna de auténtica pirueta circense, pero peor aún a escala internacional porque puede comprometer el gran trabajo de Borrell para que Pedro Sánchez escale la cumbre europea.