La desaparición del megalodón, uno de los mayores depredadores de la historia, es un enigma para los científicos desde hace muchas décadas. Este tiburón, que superaba los 20 metros, reinó en los océanos de todo el mundo entre 23 y 3,6 millones de años. A modo de comparación, los grandes tiburones blancos más grandes de la actualidad alcanzan una longitud total de solo seis metros.
En un nuevo estudio, que se publica este martes en Nature, un equipo de investigadores ha comparado las proporciones de isótopos estables de zinc en dientes de tiburón modernos y fósiles de todo el mundo, incluidos los dientes del megalodón y grandes tiburones blancos modernos y fósiles. Esta técnica permite a los científicos averiguar el nivel trófico de un animal, es decir, qué lugar ocupa en la cadena alimenticia.
Usando este nuevo método, el equipo comparó la firma del isótopo de zinc dental de múltiples especies extintas del Mioceno temprano (hace 20,4 a 16,0 millones de años) y el Plioceno temprano (hace 5,3 a 3,6 millones de años) con las de los tiburones modernos. “Observamos una coherencia de las señales de isótopos de zinc en taxones fósiles y análogos modernos, lo que aumenta nuestra confianza en el método y sugiere que puede haber diferencias mínimas en los valores de isótopos de zinc en la base de las cadenas alimentarias marinas, un factor de confusión para los estudios de isótopos de nitrógeno”, explica Sora Kim, profesora de la Universidad de California Merced.
Posteriormente, los investigadores analizaron las proporciones de estos isótopos en los dientes de megalodón del Plioceno temprano y en los tiburones megadentados anteriores, así como en los grandes tiburones blancos contemporáneos y modernos para investigar el impacto que estas especies icónicas tuvieron en los ecosistemas del pasado.
El resultado fue sorpredente. Los resultados sugieren que tanto el megalodon como el tiburón blanco se encontraban en lo alto de sus respectivas cadenas alimentarias. Pero hay más. Los valores de los isótopos de zinc indican que ambas especies se situaban en niveles tróficos superpuestos, es decir, se disputaban un abanico de presas similares. Según los investigadores la competencia del tiburón blanco pudo haber dejado al megalodón sin suficientes presas de las que alimentarse, contribuyendo, con el transcurso de millones de años, a su extinción.