Cultura

Dramática alternativa de Rafael González, grave cogida en su primero

(Foto: EFE/Kiko Huesca).

CRÓNICA TAURINA

Inés Montano | Viernes 03 de junio de 2022

Los toros de Fuente Ymbro de esta tarde fueron serios, de cinco años cumplidos. Los pelajes variaban, pero las tendencias eran parecidas: recargaban en el caballo, tenían gran movilidad, mansurroneaban a ratos y aprendían rápido. Fueron de los astados que no perdonan. No perdonan desaciertos, quiero decir. Hace unos días, el martes, vimos lo que cuesta una porta gayola y hoy unas bernardinas temerarias por equivocadas. El martes fue la cornada de Noé Gómez del Pilar y este jueves una gravísima cornada de Rafael González. El toreo no admite adornos sin tomar al enemigo en serio.

Rafael González tomó la alternativa con Pardillo (1º) que quedó a medias. Salió el burel astillando el burladero. Al cumplir en las varas, Juan Leal hace el quite por gaoneras y una verónica. José Chacón llevó el tercio de banderillas con precisión del relojero. Su manera de correr al toro con una mano fue apreciada por el público. Al brindar a su padre, Rafael González empezó la brega. El toro se ciñe mucho por los dos pitones. Rafael realiza una larga serie con la derecha, sin rectificar su posición. Siguieron otras tandas, con los cambios de manos bien resueltos y pases de pecho. La faena bien construida, de mucho valor y aguante del torero, pero fue estropeada por el diestro que ignoró las condiciones de la embestida y quiso adornarse con las bernardinas temerarias por las que obtuvo una cornada de veinte centímetros de pronóstico grave. Se empeñó en entrar a matar, aunque fue obvia la merma de sus facultades. Juan Leal intervino oportuno y mató con una estocada entera.

Juan Leal prosiguió con el primero de su lote, Organillo (2º), veloz, no se acopla al capote. Recibe dos varas que le hicieron más tolerante al percal, con lo cual colaboró a las chicuelinas de Joaquín Galdós. Cuando el espada se arrodilló en los medios, pensamos: Galdós se queda solo con 5 toros. Afortunadamente, no hubo percances, pero sólo porque la Providencia no lo permitió. Juan Leal se empeñó más bien en lo contrario: acentuar el peligro, empeñarse en jugarse la vida, complicando al toro bastante lidiable. Leal rectificaba la posición, se cruzaba, así le quitó el ligazón a la faena y resabió al toro que andaba buscándole con la cara alta, parando y desarmando. El toro ganaba el terreno, pero Leal estaba firme y cada vez más y más arrojado. La suerte suprema fue ejecutada con intención y firmeza. Aplausos y una oreja.

La segunda parte del valor exacerbado, no del toreo, llegó con el jabonero Ibicenco (4º), de pata corta, de badana generosa y oscura que acercándose a la papada clara formaba una especie de barbilla. Un bicho muy peculiar por su presencia. Y comportamiento también tenía su aquél: se refugió en la puerta de los chiqueros, pero fue al caballo solo, sin necesidad de fijarlo. Juan Leal empezó construir la faena con la mano derecha. La embestida del toro tenía de todo, menos claridad. Leal pudo con el toro cuando le llevaba por abajo y con la cara tapada. Así obtuvo una serie meritoria. Se acabó el toreo. Lo que vino después fue un malentendido entre los contrarios: Leal insistía en lo que él creía adecuado y el toro iba a lo suyo, más bien se paraba y le buscaba los tobillos. Era inevitable una voltereta, seguida por la insistente persecución del toro. Una media estocada puesta en buen sitio y descabello a la segunda. Aviso. Una ovación.

En su tercero, Labrador (6º), del que se hizo cargo por el herido Rafael González, Leal siguió metiendo el miedo en los tendidos. Los pitones rozaban el terno rosa en los pases por la espada, y de milagro no fue a más. El toro le ganaba el terreno por ambos pitones. Leal demostró que tiene un estilo suyo, muy propio, pero no es el estilo de torear. Leal aprovecha al toro para mostrar lo valiente que es. Para él el toro son los pitones y su sitio está entre ellos. Este diestro está abocado a renovar el tremendismo.

Informador (3º) se plantó en el ruedo con la arrogancia de la guapeza toril. Castaño degradé, alto, con el morillo prominente y de pata fina. Joaquín Galdós le esperaba con el capote. Pero el toro andaba ágil y no se prestó a los lances. Bien recibidas las puyas, Juan Leal hace el quite con tres lances por atrás y una media. El astado se comienza a resentir de tanto movimiento a su alrededor y escarba. Se duele de las banderillas. El comienzo por pases flexionados, muy aplaudidos, dio lugar a una serie con la derecha. El toro se cuela y observa al torero. Otra tanda celebrada y el torero pierde la continuidad por empezar a rectificar su posición. Se quedó en muchos pases sueltos. La media estocada cayó algo trasera. Aviso y descabello a la tercera.

Perdigón (5º) recorrió el redondel buscando una escapatoria. Lo más destacado es el tercio de varas de Óscar Bernal. Enhorabuena, Óscar, por darnos estos tercios de varas marcados por la inteligencia y mesura, por ver al toro y no meramente ensañarse con él. Por recordarnos que este tercio tiene mucho arte. Aplausos. El morlaco le cogió manía a Roberto Blanco, pero éste se sobrepuso y lució con los palos. Se tuvo que quitar la montera ante el público emocionado. Galdós empezó la faena al revés: con unos pases limpios, ligados, de los que se gusta el público. Mas el Perdigón, con su astuta malicia, pronto dejó de seguir el engaño. Y, ahora, es cuando Galdós empieza a dar los pases de castigo, pero perdiendo el terreno y quedando en las tablas empujado por el contrario. Estocada. Silencio.

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