Emmanuel Macron y su departamento de comunicación están sufriendo un lapso de presión relativo a la violencia que se ha instalado en Francia en torno a los eventos futbolísticos. Algunos estadios de la Ligue 1 han acogido en esta temporada escenas lamentables de parte de los ultras que los clubes siguen cobijando bajo sus estructuras. La más sonada y última ocurrió en el estadio Geoffroy-Guichard, hace cinco días, donde el Saint-Étienne perdió la categoría en favor del Auxerre. El duelo se resolvió en una tensa tanda penaltis en la que cayó el equipo local. Y los hooligans reaccionaron de la peor manera: descendieron al césped y se dedicaron a atacar con bengalas a los futbolistas de su club.
No son pocos los episodios de violencia que se están acumulando en el entorno de balompié galo. Los jugadores del Olympique de Marsella fueron hostigados en su centro de entrenamientos por los ultras, llegando a ser agredido el defensor español Álvaro González; en noviembre de 2021 ya se habían suspendido 10 partidos profesionales por agresiones de radicales a futbolistas; el encuentro de Copa entre el Olympique de Lyon y el París FC tuvo que parar por la reyerta entre hinchas en las tribunas. La situación va de mal en peor, en parte por la ausencia de sanciones ejemplarizantes y la todavía connivencia de los clubes con sus ultras (en el PSG resulta especialmente llamativa).
Así las cosas, llegó la final de la Liga de Campeones entre Liverpool y Real Madrid. El partido fue celebrado en el estadio Stade France, en el barrio parisino de Saint Denis. Y en los aledaños del recinto se desplegaron auténticos "ejércitos de atracadores", según los testimonios de decenas de aficionados de los dos clubes que sufrieron la violencia de un sector de la población que habita en el país francés. Ahí se elevó el problema a la categoría de prioridad en el Elíseo, al menos en cuanto al uso de maquillaje. Desde el Ministerio del Interior se ha acusado a los aficionados del Liverpool y a la UEFA de ocasionar los tumultos. Ni una palabra de las escaramuzas que sembraron el pánico en algunos de los futbolistas que jugaron la final, preocupados por el bienestar de sus familiares que acudieron al estadio.
Este viernes Francia jugó la primera jornada de la Liga de Naciones en este mismo recinto, ante Dinamarca. Esta vez desplegaron un dispositivo con 2.700 policías (600 de ellos, de paisano) y 1.200 agentes de seguridad. El balance fue de 39 detenciones realizadas en los alrededores del estadio Stade France. Es decir, queda mucho trabajo por delante para la alcaldía de París, el Ministerio del Interior, Emmanuel Macron y los demás departamentos gubernamentales con el fin de controlar un desbarajuste que amenaza la seguridad de los aficionados que quieran acudir a ese recinto a disfrutar del deporte.
Pues bien, el presidente francés no parece estar en ello todavía. En una entrevista publicada en la prensa regional este sábado, Macron ha proclamado que es verdad que se dedicó a presionar a Kylian Mbappé para que no fichara por el Real Madrid y se quedara en las filas del Paris Saint-Germáin. "He hablado con Kylian Mbappé, para aconsejarle que se quede en Francia. Cuando se le solicita de manera informal y amistosa, es el papel de un presidente defender su país", ha asegurado, corroborando la influencia que ha jugado la política en la decisión del delantero de 23 años.
En la entrevista en la que Mbappé quiso explicar los motivos de su decisión, concedida al espacio de informativos de 'TF1', el atacante dejó claro que ha preponderado la idea de hacer fuerte al fútbol francés, de seguir ejerciendo como ejemplo de los niños de su país. Apareció en esa argumentación la versión más patriótica de un futbolista que está litigando contra la Federación Francesa de Fútbol por el control total de sus derechos de imagen. "Les encanta el fútbol y vienen a menudo a el Parque de los Príncipes. Hablamos mucho y ellos (Nicolas Sarkozy y Macron) me recomendaron encarecidamente que me quedara en mi país y siguiera escribiendo la historia de mi club", confesó Kylian. Estará hasta 2025, como mínimo, cobrando petrodólares.