Cultura

El estreno de Juana de Arco en la hoguera no deja indiferente al público del Real

Marion Cotillard interpretando a Juana de Arco en el Teatro Real de Madrid. (Foto: © Javier del Real | Teatro Real).

CRÓNICA

Isabel Cantos | Miércoles 08 de junio de 2022
Abucheos y pitidos para la puesta en escena, y aplausos y bravos para los intérpretes es el balance del estreno de ayer en el Real de Jeanne d’Arc au bûcher, ópera de Arthur Honegger (1892-1955), que se presentó junto con La damoiselle élue de Claude Debussy (1862-1918), compartiendo ambas obras la misma escena de Alfons Flores en una apuesta brillante, extraña y sobrecogedora.

Dos obras casi opuestas que comparten escena. Todo un reto para el escenógrafo Alfons Flores (1957), que ayer no dejó a nadie indiferente. El escenario, dividido horizontalmente en dos, representa el Cielo en la parte superior y la Tierra en la inferior. Arriba, sofisticados ropajes dorados y con un deliberado toque kitsch que recuerda los nacimientos navideños, compiten en protagonismo con el rubio platino de las pelucas de los celestes personajes. Abajo, una oscuridad cavernosa apenas permite distinguir a los humanos, sucios y con harapos. Son los integrantes del Coro del Teatro Real, que brindarán los momentos más impactantes de la velada junto con la angelical voz de Marion Cotillard (París, 1975), una actriz que lo tiene todo y que sabe darlo al personaje de Juana de Arco, la francesa más famosa de todos los tiempos.

Se ve a Cotillard -Jeanne, Juana de Arco-, ya encaramada -con vaqueros y camiseta blanca como único contraste al negro escénico- sobre la pila de la hoguera, que componen sillas industriales. A su lado está el padre Dominique, que ha bajado desde el Cielo para acompañarla en el momento de la tribulación y que le relatará y explicará todo lo que ella desconoce o no ha logrado entender sobre su final destino: las circunstancias de su apresamiento, por qué el pueblo que la adoraba se volvió contra ella, el interesado, corrompido y nauseabundo afán de todos los políticos implicados en acusarla de brujería y sacrificarla en la pira, la falsedad del juicio...

El tema es muy poco amable, pero Flores ha sabido exprimir en la escena todas las posibilidades del libreto (que, por cierto, es místico en demasía para los cánones actuales), de Paul Claudel (1868-1955). El escenógrafo parodia con un inigualable talento burlesco y satírico las circunstancias del proceso a la protagonista: el juez -el obispo que preside el tribunal eclesiástico- es un cerdo (un guiño lingüístico a su nombre histórico, Pierre Cauchon) y el resto de miembros del tribunal son animales (un asno, dos zorros…).

Plano general con Marion Cotillard (Juana de Arco), Coro Titular del Teatro Real, Pequeños Cantores de la JORCAM y actores

El proceso de Juana le sirve a Flores para escenificar un siniestro “carnaval de los animales”, que aporta un ácido sabor a la escena, pero también un mínimo de color. La hoguera final -con una proyección con la que el escenógrafo consigue un realismo increíble- sorprende, impresiona y sobrecoge. Cotillard demuestra aquí una excelente forma física al flexionarse sobre sí misma (cae muerta) sobre la escueta plataforma cuadrada que la ha sostenido durante toda la función a una distancia de varios metros del suelo. Tras la plataforma, una escalita dorada -que ya sirvió para la escena de la obra anterior, La demoiselle élue- la conducirá al Cielo.

Hasta aquí la escena; una escena que sirve eficazmente a los propósitos de la extraordinaria música escrita para esta obra por el compositor suizo. Arthur Honegger -cuya obra no es muy extensa- se hizo famoso en la década de 1929 con Le Roi David, un salmo dramático al igual que lo es Jeanne d’Arc au bûcher, sin duda su obra más famosa. La escritura para coro es grandiosa pero sublime y, en clara correspondencia, los artistas del Coro del Teatro Real han hecho un excelente trabajo en esta producción, tanto en el aspecto vocal como escénico, hasta el punto de poder decirse que musical y escénicamente “la levantan”, si se permite a quien escribe esta expresión. Algo parecido puede predicarse -a su nivel- de los Pequeños Cantores de la JORCAM que, bajo la dirección de Ana González, interpretan el clásico intermezzo o “número infantil”, para el que Honegger sigue la tradición francesa inaugurada por Bizet; sólo que aquí, en línea con el ambiente de la obra, los niños llegan hacinados en una jaula para fieras, de la que salen para hacer un desfile, que resulta macabro precisamente por ser infantil y tener lugar en las circunstancias arriba descritas.

Marion Cotillard (Juana de Arco)
Al frente de la orquesta estuvo Juanjo Mena, cuyo trabajo, al igual que el de toda la orquesta, fue unánimemente ovacionado. También se aplaudió a todo el reparto; especialmente al personaje de Porcus, el clérigo inquisidor -que corrió a cargo del tenor estadounidense Charles Workman-, al padre Dominique -que fue Sebastien Dutrieux-, y a Silvia Schwartz, que interpretó a la Virgen María.

En cuanto a la cantata sobre el poema La doncella bienaventurada (1847) -que se representó antes de Juana de Arco en la Hoguera- titulada La damoiselle élue, de Claude Debussy, hay que reconocer que era un añadido innecesario, solo compensado por la calidad y sutileza de la partitura. Pero conviene comprender que la programación de esta obra resulta difícil – por su corta duración - si no se programa junto a otra, como habitualmente ocurre con las famosas óperas de Mascagni y Leoncavallo; sólo que en el caso de la presente apuesta del Real no existen apenas puntos de comparación –que sí existen y en abundancia en las citadas, claros representantes del verismo italiano más oscuro-. La solución dada por Alfons Flores de hacer una escena única para ambas obras (y la orquesta solo precisó de algunas modificaciones en los instrumentos) es otro punto que alabar en el trabajo del escenógrafo, que ha conseguido reunir a más de trescientos artistas.

Ambas obras, “La damoiselle élue” y “Jeanne d’Arc au bûcher” se representan hoy, día 8, y se podrán ver también los días 10, 11, 12, 14, 16 y 17 de junio.