La tradición del partido comunista en Rusia, en China, en Vietnam, en Corea, incluso en los países donde no ha gobernado pero alienta, consiste en la absorción del compañero de viaje y en la purga de los que resisten.
Parecía a muchos que el Partido Comunista español, enmascarado tras la sigla ingenua de Izquierda Unida, iba a mantener lealtad con los amigos que habían encumbrado a varias lideresas y a varios líderes en lo más alto del poder. ¡Qué error, qué inmenso error! Yolanda Díaz, en lugar de agradecer las deferencias de Pablo Iglesias, está montando su propia organización comunista para asaltar el poder sin condicionamientos podemitas. Ione Belarra, que es una mujer muy inteligente, se ha plantado ante la tropelía en ciernes y su actitud ha trascendido ya a los medios de comunicación.
Para descomponer aún más la alianza que el Partido Comunista mantiene con Podemos, Yolanda Díaz ha tendido su brazo totalitario a Íñigo Errejón, el político que en su día traicionó la confianza podemita, organizó su propio partido, abrió brecha electoral en Unidas Podemos y desafió la autoridad moral de Pablo Iglesias.
Ione Belarra permanece fiel al hombre que trazó el futuro de Podemos y lo ungió con cinco millones de votos. Nadie duda del retroceso experimentado por la agrupación podemita que, tras vivir sus mejores días de vino y rosas, ha caído ahora en la desesperanza porque la regocijada Yolanda Díaz cree que, para mantener la descarga de la extrema izquierda, la baza principal es la del Partido Comunista. Nada nuevo bajo el sol. El PC español está haciendo lo que siempre ha hecho. Carece de fuerza para imponerse y solo ha conseguido brujulear en la catástrofe electoral que se avecina, asegurándose una presencia en el Congreso de los Diputados y en la representación de la izquierda al costado zurdo del PSOE sanchista.