Antonio Morales | Sábado 02 de febrero de 2008
Una nueva reedición de los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez Galdós, se anuncia. Feliz noticia: porque los Episodios que nutrieron durante generaciones la conciencia histórica del liberalismo progresista español, son hoy algo más que grata lectura y amable ilustración. Cuando parece que al hablar de patriotismo "sacamos de los museos y de los archivos históricos un arma vieja y enmohecida", Galdós ha venido advirtiendo que no es así, pues "ese sentimiento soberano lo encontramos a todas horas en el corazón del pueblo, donde para bien nuestro existe. Despreciemos, pues, las varias modas que quieren mantenernos en una indolencia fatal".
En uno de los Episodios de la primera serie, en Cádiz, vemos surgir, si no la nación española, mucho más antigua, sí la nación soberana, libre y democrática. La nación liberal, compuesta por individuos libres e iguales, la nación de ciudadanos que consagrará la Constitución de 1812. La expresará, con fuerza inigualable, el diputado alavés Egaña: "Con la Constitución, los derechos y deberes del ciudadano español son iguales en todas partes. No hay más distinción de clases ni de personas privilegiadas. Todas están sujetas a la misma ley y todas llevan igualmente las cargas del Estado. Todos pertenecemos a una familia y componemos una sola sociedad. La máquina del Estado rueda ya sobre ejes propios para la buena y legítima dirección del movimiento político. Los españoles, constituidos imperfectamente en el Antiguo Régimen (...) formamos ya un verdadero cuerpo político, y somos realmente una nación independiente, libre y soberana".
¿Cómo no recordar la lección de Cádiz cuando se está consagrando las desigualdades de derechos entre los españoles y el sueño de la nación soberana se desvanece? ¿Cómo no recordar a Muñoz Torrero: "Yo quiero que nos acordemos que formamos una nación y no un agregado de varias naciones"? En fin, ¿volvemos a la España de los Austrias sin la gloria cultural del siglo de oro?
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