Opinión

Pedro Sánchez, como Luis XIV, “el Estado soy yo”

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 12 de junio de 2022

Empieza a ser preocupante el revoltijo sectario que bulle por la cabeza de Pedro Sánchez. Despreciado por su socio de coalición e insultado en el Parlamento por sus fieles aliados separatistas y proetarras, vive los peores días como presidente del Gobierno. En todas las encuestas, incluso en la de Tezanos, el PSOE se desploma y su imagen se deteriora más cada día. Desde la aparición del fantasma de Pegasus, que le cocea con saña, ha encadenado una tras otra las mayores barrabasadas políticas de su mandato. El inexplicable e inexplicado bandazo sobre el Sáhara Occidental le ha dado la puntilla. Aseguró, él y medio Gobierno, con esa impostada seguridad que les caracteriza, que Argelia no tomaría represalias y que era un socio fiable y amigo. Un sonoro patinazo por mentir o, casi peor, por torpeza e ingenuidad.

Hasta los más fervorosos militantes socialistas se han quedado estupefactos cuando, en el último mitin en Andalucía, ha culpado al PP de todas sus burdas maniobras diplomáticas. Sin pudor alguno y a gritos, Sánchez ha acusado al PP de apoyar a Argelia en el conflicto que él, y solo él, ha creado con su postura sobre el Sáhara Occidental. Una burda mentira, pues el Partido Popular ha criticado su decisión, pero ni ha mentado al país magrebí. Ya lo hizo el presidente en la comparecencia en el Congreso para explicar la crisis. En su discurso, en lugar de aclarar los motivos de su bandazo diplomático, se centró en insultar al PP, hasta el punto de que incluso Rufián se lo reprochó. La treta no funcionó, pues Sánchez fue vapuleado por todo el arco parlamentario, incluido Podemos. Y en su réplica, imploró a los socios de Gobierno y de legislatura que no le dejaran solo. Y, luego, acusó al PP de atacar a España en el extranjero. Porque, para él, que la Oposición le critique en el Parlamento europeo equivale a criticar a España. Desconoce o tiene la desfachatez de creer que España es él. Solo cuenta con 120 escaños, el Gobierno más débil de la democracia, pero actúa como un autócrata. Su actitud recuerda a la frase que le atribuyen a Luis XIV, el Rey absolutista de Francia:”El Estado soy yo”.

Ni siquiera es admisible que desconozca que el papel de la Oposición es ése: oponerse al Gobierno cuando se equivoca. Y bastante poco lo hace el PP, quizás por falta de tiempo, quizás porque empieza a resultar eterna la lista de errores cometidos por Pedro Sánchez desde que se alojó en La Moncloa. Este artículo, por ejemplo, sería interminable si recogiera esa lista.

No. Pedro Sánchez no parece estar en sus cabales. Confunde a España con su persona, quizás porque se ha emborrachado de poder después de asaltar todas las Instituciones. Ya no consulta ni con sus ministros y menos aún con su socio de Gobierno decisiones de Estado como el giro diplomático sobre el Sáhara Occidental. Pero, para él, el culpable de todos sus descalabros es Nuñez Feijóo. Una arrogante y demagógica postura que ni siquiera es admisible cuando está a punto de ser arrollado en Andalucía, después de morder el polvo en la Comunidad de Madrid y estrellarse en Castilla y León.

Por culpa de Sánchez, que no del PP, el resto de la legislatura va a ser un vía crucis para España. De momento, aunque a regañadientes, ya solo le salva el pellejo la Unión Europea. Está al borde del precipicio, con la certeza de que su estancia en La Moncloa llega a su final y en medio de la soledad parlamentaria. Y a la desesperada es capaz de cualquier cosa. Está dispuesto a morir matando. Está dispuesto a arrasar con la estabilidad económica, política y social de nuestro país. Porque, a fin de cuentas, cree que es de su propiedad. Como diría Alfonso Guerra, cuando Sánchez, el Rey Sol, abandone La Moncloa, “a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”.