El balance de San Isidro, según los críticos y empresarios, es positivo. Hubo tardes con el cartel de “no hay billetes”, otras con más de 90% de entrada, y, según las estadísticas, el 80% del coso se llenaba todas las tardes. No hubo triunfos artísticos, pero la crítica destaca los nombres de Morante, El Juli y Roca Rey. Amén. Este resumen bastante escueto de los resultados fue repetido por varios medios. Algunos tuvieron la fineza de añadir que el público se ha renovado, ya que hubo más jóvenes en los tendidos que en años anteriores ¿Es suficiente este tipo de cálculos analíticos para evaluar el resultado de un espectáculo tan complejo como los toros? Es obvio que ese tipo de balance no refleja la realidad. 29 festejos, de los cuales 26 son de abono, no pueden reducirse a estadísticas.
Numerosos toreros han acaparado hasta cuatro tardes y han fracasado, pero de eso no se habla. Malo. No se trata de hablar de orejas y vueltas al ruedo sino de algo mucho más sutil. Se trata de arte. Es menester ver al toro, primero, y luego lo que hace el torero. Hacerse cargo de la lidia entera. Seamos claro: hubo cuadrillas que no daban de sí y figuras que sólo tienen nombre. Critiquemos la repetición de toreros y de ganaderías. Sí, vivimos una época del toreo privilegiada, porque hay muchos y todos muy bien preparados a nivel técnico, ¿por qué no se les da una oportunidad? Las empresas siguen sin arriesgar nada, empezando por la de Las Ventas.
¿Qué decir de las ganaderías? España cuenta con cerca de novecientas ganaderías de toros de lidia. Es un cálculo aproximado, seguro que son muchas más. Pero, como una comunidad autónoma no quiere saber qué hace la otra, y no hay un estado central que lo unifique, así estamos echando cuentas al ojo. ¿Cómo se justifica la repetición de las ganaderías dos o tres tardes? Esto sin tener en cuenta que hubo varias ganaderías que lo único que tienen de diferente es el nombre. Los que vimos en Sevilla, los vimos en Madrid y los seguiremos viendo por provincias.
Las autoridades del palco han dado mucho qué hablar en los tendidos. Pero la crítica no lo resalta lo suficiente. Se olvida enseguida la actitud caciquil de algunos presidentes, por ejemplo, Oliver Rodríguez. Y, ¿por no recordar a los responsables de las “no orejas” de la tarde de Sergio Galán y Leonardo Hernández, y las Puertas Grandes de Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, que no fueron capaces de poner ni un solo rejón en condiciones?
Recordemos algunos detalles de la feria de San Isidro. No nos olvidemos de Paco Ureña, con quien negociaron en el último momento diciendo o te comprometes a esto o te quedas fuera del cartel. Tampoco echemos al olvido la gran irresponsabilidad de los apoderados. Ahí está Rafael González, aún convaleciente, quien no mató ni un solo toro de su alternativa por la gravedad del percance sufrido. Hubo ejemplos de aguante, como el de Ginés Marín, que con una cornada gravísima de dos trayectorias estoqueó al toro guardando la compostura. Y hubo toreros muy importantes que la “crítica” adocenada y cobardona no menciona, por ejemplo, las lidias de Daniel Luque, El Fandi, Manuel Escribano y Antonio Ferrera… Y, en fin, se pierden los nombres de quien no han pisado siquiera el albero de Madrid: Diego Ventura, Miguel Ángel Perera, Finito de Córdoba y otros muchos que merecían estar en San Isidro…