El exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que ya defendía en tiempos de Franco la Monarquía parlamentaria, la Monarquía de todos, alentada por Juan III desde su exilio en Estoril, ha hecho unas declaraciones en Telecinco que refuerzan punto por punto el artículo que ayer ofrecí a los lectores de El Imparcial en esta sección.
“El problema con Argelia -afirma Margallo- no se ha resuelto en absoluto. Es un barril de pólvora y el Gobierno ha logrado generar la desconfianza de Argelia, de Marruecos y del Polisario, lo que constituye una hazaña diplomática no alcanzada por ningún Gobierno”.
Para Margallo, Pedro Sánchez y su parlanchín ministro de Exteriores se han equivocado al acudir a Bruselas. Argelia ha reprochado a España la intromisión que califica de “lamentable” de apelar a la Unión Europea cuando la crisis con España deriva de un acuerdo comercial, de un acuerdo de amistad, vecindad y cooperación, acuerdo que se firmó en el año 2002 cuando ardía al conflicto español con Marruecos.
Parece lógico que España tenga que pagar al alza la factura del gas que suministra Argelia. Por otra parte, nuestra nación es el quinto proveedor de Argelia y los empresarios españoles se verán duramente afectados por la decisión sobre el Sáhara de Pedro Sánchez, que no ha consultado ni negociado con nadie.
La política internacional exige larga paciencia y habilidad experta para la negociación. La ligereza de Pedro Sánchez solo podrá traer como consecuencia la complicada situación que España tiene ahora con el Polisario, con Argelia y con Marruecos. No existe una solución clara. A España y a los contribuyentes españoles les va a costar un ojo de la cara la ligereza internacional de Pedro Sánchez, que ha demostrado su incapacidad para tratar asuntos que exigen especial delicadeza como el contencioso que mantienen Marruecos y el Polisario apoyado por Argelia. Nuestro país se había anclado en la posición de la ONU, lo que era un acierto. Y en todo caso, abandonar esa posición exigía por parte de Pedro Sánchez una larga negociación con todas y cada una de las partes implicadas en el contencioso.