La vida ofrece muchas veces cosas inexplicables. En ocasiones sí hay detrás del secreto una aclaración o un razonamiento o se puede justificar el enigma, pero otras no. Nada supera a la noticia que leíamos la semana pasada, que decía que un jabalí sale del mar en Alicante y muerde a una mujer de Cuenca que estaba tomando el sol. Que digo yo que ya tiene bemoles la cosa. Pero, aun así, muchas de las maniobras del Gobierno de Pedro Sánchez son un verdadero misterio que, solo quizá, con el paso del tiempo se solucione.
Lo que está haciendo este Ejecutivo de coalición, atado de pies y manos por populistas, independentistas y amigos de terroristas, con Argelia no lo resuelve ni el programa de Iker Jiménez. Lo que sí parece más claro es que Marruecos, el único beneficiado del giro repentino y abrupto de Sánchez respecto al Sahara casi medio siglo después de mantener un equilibrio razonable con ambos países, también tiene cogido por otras conocidas “partes” al mismísimo presidente del Gobierno.
Por esta traición, Argelia ha castigado a España rompiendo el Tratado de Amistad y Cooperación suscrito hace 20 años. Aunque la UE ha tenido que salir a defendernos y sí parece que no habrá problemas con el suministro de gas, lo cierto es que están mortificando a una buena parte de las empresas españolas que trabajan con este país. Que el anuncio de Argel se hiciera el mismo día en que Pedro Sánchez pedía en el Congreso que no se hiciera nada que pudiera malestar a Marruecos tampoco parece casual. Se quedaría en una mera anécdota si no fuera porque el enfado argelino supone un “palo” de verdad para estas empresas.
La UE nos ha echado una mano, pero Argelia ha evidenciado la, cuando menos, “tramposa” política exterior de España con Argel, que, ha visto el órdago español y ahora publicita a los cuatro vientos que el Gobierno de Sánchez no cumple y “deja de lado valores esenciales”, además de estar promoviendo posiciones que van en contra de los intereses de la Unión Europea.
Argelia está dejando claro que el problema lo tiene bilateralmente con el Gobierno de España que hay en estos momentos, que no se fían de Sánchez, y que, por supuesto, respetará los acuerdos con la UE, donde tienen, han subrayado, “muchos amigos y socios fiables y responsables”. El razonamiento es muy sencillo: no consideran a España ni amigos ni socios ni fiables ni responsables.
Desde el punto de vista del bolsillo, no están las cosas como para andar prescindiendo de socios esenciales para el país. Y los estamos perdiendo porque Argelia ahora es más amiga de Italia y de Alemania que de nosotros. Y todo porque el equipo de Sánchez negoció a oscuras con Marruecos después de equivocarse al traer de incógnito al líder del Frente Polisario. Lo que no sabemos ahora es si todo el poder de Mohamed VI sobre Pedro Sánchez se debe a que España no sabe cómo defender sus fronteras cuando se abren las puertas desde el lado marroquí, es decir, no sabe responder a los chantajes que se van sumando, o si la extorsión viene de otra parte, de conocer cosas que no sabemos el resto.
No soy yo quien ya se pregunta si el presidente del Gobierno de coalición Pedro Sánchez tiene que explicar si Marruecos le extorsiona. Sí digo que si no lo aclara, a la vista de su forma de actuar, podemos deducir o intuir muchas causas por las que ha dado un giro radical en la política con el Sahara. Si no justifica su actuación tendremos licencia para echar a volar la imaginación y fabular con toda esa información que dicen que le han robado al jefe del Ejecutivo de su teléfono móvil porque ha sido espiado.
Habrá que ver cómo acaba todo, si la culpa es de EEUU o de Rusia, de Pedro Sánchez o de Abdelmadjid Tebboune, si chantajean o extorsionan, pero si un jabalí sale del mar en Alicante y muerde a una mujer de Cuenca que estaba tomando el sol, aquí ya puede pasar cualquier cosa.