Editorial

Las consecuencias nefastas e irreversibles del calentamiento global

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Jueves 16 de junio de 2022

Los científicos llevan décadas advirtiendo de que el cambio climático está multiplicando e intensificando los fenómenos extremos. Y las olas de calor, como la que chamusca España estos días, no son más que la manifestación práctica de esas advertencias, de las que aun hoy en día, algunos se atreven a dudar.

Según la Aemet, se trata de la ola de calor más tempranera desde que se tienen registros y la más intensa para este mes en dos décadas. Las temperaturas máximas han subido hasta 12 grados por encima de lo habitual para la época y las mínimas, de 5 a 10 grados más sobre sus valores normales.

Las olas de calor no constituyen por sí mismas una manifestación directa del calentamiento global, pero, según los expertos, sí lo son su intensidad, duración, frecuencia y precocidad; factores todos ellos en claro ascenso. En España, desde 2011, se ha registrado una cada dos años. Sin embargo, durante los 35 años anteriores únicamente se producía una cada siete. La ola de calor de mediados de agosto del año pasado fue la más intensa desde 1975. Además, siete de los diez años más cálidos en nuestro país se han registrado en la última década.

Hasta ahora, la comunidad internacional, las naciones que la integran y sus compañías, han dado tímidos pasos hacia la descarbonización. El Acuerdo del Clima de París, que aspiraba a limitar la temperatura global a 2 grados para finales de siglo, ha sido, quizá, el más importante hasta la fecha, pero parece ya papel mojado, apenas siete años después de su aprobación.

Según el último informe del IPCC, el panel de expertos climático más prestigioso del mundo, tan solo en las dos próximas décadas la temperatura global aumentará 1,5 grados sin que podamos hacer absolutamente nada por evitarlo. De ello se derivarán fenómenos extremos con “consecuencias nefastas e irreversibles”. Este mismo organismo detalla que cuatro de los principales indicadores climáticos (gases de efecto invernadero, subida del nivel del mar, calor acumulado en los océanos y la acidificación de los mares) reeditaron cifras récord en 2021, con la temperatura 1,1 grados más alta que en los niveles preindustriales.

Los complejos y contrapuestos intereses de los innumerables actores afectados, junto a la mastodóntica burocracia nacional e internacional, hacen que la transición ecológica sea poco menos que una quimera a día de hoy. De hecho, si algo está demostrando la guerra de Ucrania, cuyas consecuencias aún no alcanzamos a vislumbrar, es que, pese a las buenas intenciones y los grandes planes ecológicos con los que, tan a menudo, se llenan la boca los gobernantes, el mundo sigue moviéndose con carbón, petróleo y gas; y no cambiará a corto o medio plazo.

Esta ola de calor es un recordatorio más de que el cambio climático no se detiene, sino que avanza imparable alimentado por nuestras propias máquinas. Año a año, la Tierra se convierte en un lugar más inhóspito para el ser humano mientras éste sigue peleado consigo mismo.