Opinión

¿Avanzamos o retrocedemos?

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 27 de junio de 2022

Penetro en campo minado. Entro en un periodico digital y encuentro una noticia, sobre la guerra de Ucrania, perdida entre la masa de asuntos de todo tipo. La guerra de Ucrania ya no es noticia relevante.

Sin embargo, hace unos días, El Papa anunciaba, sorprendentemente, su opinión de que la tercera guerra mundial había empezado ya. “La OTAN está ladrando a las puertas de Rusia”, sentenciaba. Sumaba su opinión a la de los que pensamos, que la acción de Rusia invadiendo Ucrania es, realmente, una reacción, una respuesta ante el acoso de Occidente (EE.UU.), que no ha tenido la magnanimidad, la paciencia y la inteligencia de dejar a Rusia integrarse y disolverse, de una vez, en la civilización occidental, continuando el proceso puesto en marcha por el genial Ronald Reagan y por el engañado Gorbachov. El Papa es consciente y se duele de este malogrado proceso. Pero hasta este anuncio ha dejado de ser noticia de primera página.

Vemos a los dirigentes del mundo occidental empujándose unos a otros en su afán de ofrecer ayudas morales y materiales a uno de los bandos y a nadie, absolutamente a nadie, ni al mismo Papa, que nos da la noticia, proponiéndose como mediador. Tal es el fatalismo con que lo aceptamos.

Estamos donde estábamos. Parece que el ser humano echa de menos la vieja política de agresión a las fronteras del vecino y no acaba de encontrar el camino de la tolerancia, la colaboración y… la globalización.

Y otra vez, como en la “guerra fría”, estamos a expensas de un error, de la mala interpretación de una operación militar, de una ostentación tabernaria de valentía, o de la locura de algún político o militar.

Volvemos a dar rienda suelta al instinto territorial clamando “Patria” y desoyendo o disfrazando las razones del “enemigo”. Desandamos un proceso que había llegado ya tan lejos que, ahora, en plena guerra, vemos tan enlazadas las economías de los bandos enfrentados, que dependen, vitalmente, unas de otras y no pueden dejar de operar, en su beneficio, aun a sabiendas de que favorecen al enemigo: El trigo, el gas, el petróleo, etc.

Y vemos a Rusia, el bando atacante, que se cree el atacado, buscando, con desesperación, en su mortífero arsenal, remedios para la cura de su orgullo herido. Y a Putin, en su búsqueda desesperada de aliados a su causa, totalmente desfasada ya, animando a China a sumarse a ella. Pero China, que ha superado la misma enfermedad que tenía Rusia, de permanecer anclada a su historia, lo elude con evasivas y vuelve al afán que ha librado, por fin, a su pueblo de la pobreza: asumir la inevitabilidad de participar en la actividad de integración y globalización del mundo, buscando, en ello, el bienestar de su pueblo.

Y vemos a Xi Jinping eludiendo servir, siquiera, de mediador entre contrarios, animando a su pueblo y a sus órganos de gobierno, a “eliminar todas las barreras que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas para promover el desarrollo sólido de la globalización”. Y "en este momento crucial, solo unidos en solidaridad y cooperación podremos superar las crisis económicas”. Y a “realizar esfuerzos a la hora de mejorar la GOBERNANZA ECONÓMICA MUNDIAL”.

China se armará hasta los dientes pues, para seguir su propio camino, ha de ganarse el respeto de EE.UU., pero sabe que el futuro, si hay futuro, pasa por la globalización, asumiendo los valores económicos occidentales. Esto es lo que Rusia no ve.

Y quizá el problema, el gran problema, sea que EE.UU no se resigna a ser uno más, ni siquiera el líder, en este proceso globalizador, sino que quiere ser “el rey del Mambo” y para lograrlo, pone en riesgo a todos, una y otra vez.