Cultura

Triunfo de Galdós y faenas memorables de Antonio Ferrera y Manuel Perera

(Foto: Efe).

CHOTA (PERÚ)

Inés Montano | Miércoles 29 de junio de 2022

Las ferias se suceden con velocidad de vértigo: las Hogueras de Alicante, la Feria de Algeciras, San Juan de Badajoz, San Pedro y San Pablo de Burgos… Mas, yendo de una a otra, encontramos pocas novedades; en realidad, vamos de un triplete a un doblete, de tal manera que de los ciento y tantos toreros profesionales, sólo tienen entrada una docena. Los toros son cualquier cosa, menos monotonía. Y, nada es más fácil para evitar el tedio que asomarse a lo que acontece al otro lado del charco. Que tampoco está tan lejos.

El 28 de junio concluyó la Feria de San Juan Bautista en Chota, Cajamarca, a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar. Es una de las provincias de mayor tradición taurina en Perú. Y es mucho decir, ya que en tierras peruanas una de las primeras fiestas se celebró en 1540, se dice que Francisco Pizarro lanceó y puso rejones al ganado bravo. No vamos a averiguar cuánto tiene esto de historia y cuánto de leyenda, lo cierto es que el cabildo de Lima fijó cuatro festejos anuales desde 1559. Actual provincia de Chota cuenta con cinco plazas de toros, entre ellos el coso de El Vizcaíno, con más de diez mil espectadores. La feria duró cuatro días, es decir, un día más de lo habitual. Desde el 25 hasta el 28 de junio, El Vizcaíno se llenó de espectadores para admirar el arte de los diestros de Perú, México y España. Por algo la fiesta de toros es una fiesta internacional.

Resultaron inolvidables las tardes transcurridas al son de pasodobles, corridos mexicanos, el huayno peruano y el cholo chotano. Los niños omnipresentes con los capotillos buscando la firma de los toreros, o entregados por sus padres a los diestros que daban la vuelta al ruedo. Según la creencia popular, si un diestro les coge en manos serán valientes y enfrentarán la vida con arrestos. A pesar del ambiente festivo la plaza, es decir, el público no fue fácil de contentar. Los “chiflidos” llenaban el ambiento, cuando notaban con sagacidad que el torero no estaba dispuesto a darlo todo. O cuando el toro se llevaba demasiado castigo, según la honorable audiencia. O cuando la suerte suprema se alargaba por desatinada ejecución. Mucho colorido. Mucho ambiente.

Joaquín Galdós actuó tres tardes. Su padre, Alfredo Galdós, ex matador tiene la ganadería Santa Rosa de Lima. La feria resultó un gran triunfo familiar: el premio de Escapulario de plata a la mejor faena recayó en el hijo, Joaquín Galdós, y el mejor hierro a la ganadería Santa Rosa de Lima según la Comisión de Escapulario. También fueron premiados el mejor picador Cristian Quirós, el mejor banderillero Darcy Tamayo y del Escapulario de Oro fue a parar en las manos de Luis David Adame. Hubo actuaciones importante de Finito de Córdoba, Diego Urdiales y López Simón.

Los triunfadores de la última tarde Antonio Ferrera y Luis David Adame, tuvieron la fineza de salir por la Puerta Grande junto con Manuel Perera, que sobrepuso a las molestias de la cornada. Los tres diestros lidiaron toros de dos ganaderías de La Viña y de San Simón, cuyos toros se conocen como los “miuras de Perú”. Dos sansimones le tocaron al maestro Ferrera, quien firmó dos faenas absolutamente distintas. Debutó con Amigo, negro listón, que salió luciendo sus buenas hechuras y considerable velamen. Fijó al toro en el capote, entre la densa polvareda, abrochando la serie con una media verónica. El burel, rápido y con nervio, partió a tomar la puya del picador que guardaba la puerta. El lidiador alejó a Amigo de la cabalgadura con unas navarras hermosas, redondas, airosas. Como en todas las plazas, empezaron los “chiflidos” para que el maestro alegrase la tarde con los palitroques en las manos. No pudo ser. Comienza la faena. La primera serie con la derecha desplaza al toro a los medios. El toro pierde las manos. A base de hondos derechazos y profundos naturales se construye una gran obra, adornada con los afarolados y pases de pecho de pitón a rabo. No faltaron pases mirando los tendidos. El toro colaboró, se vino arriba. El remate de los saltos de rana y una estocada entera, algo caída, dobla al toro. Una oreja. Con su segundo de San Simón, Escritor, Ferrera pasa del barroco de la anterior al minimalismo de trazo clásico: con una pierna como el único eje da pases ligados con la diestra, llenando el aire con los vuelos de la franela. Se oía el murmullo en los tendidos: “¡Los mejores de la Feria!”. A la primera señal del cansancio de Escritor, Antonio Ferrera coge la espada y cae el burel por una estocada entera, algo caída. Una oreja. La Puerta Grande conquistada por el arte, la medida y el arrojo. Mientras daba la vuelta al ruedo, el público saludaba con las olas futboleras.

Bohemio (2º) salió para Luis David Adame quien le abordó con chicuelinas y una revolera. El público exige las banderillas, Adame cede a la petición. Coloca los pares que iban de menos a más, recibiendo ovación. El toro tenía parsimonia, se dejó torear con temple y aguantó sin rechistar todos los desplantes del torero. Adame transmitía mucha ilusión y ganas de triunfar. Llegó a hacer “un tío vivo" de cinco vueltas, agarrando al torillo estupefacto, por si se desmayase. Otro desplante entre los pitones. Este remolino de faena, acabó por las bernardinas, pero el manejo de acero lo dejó en una oreja. El segundo de su lote, procedía de La Viña, correteaba alegre y acompañaba bajando la testuz las chicuelinas, revoleas y sacopinas (también conocidas como lopecinas). Extraordinario despliegue. De nuevo, Adame pone los avivadores y brinda a sus compañeros de terna, Antonio Ferrera y Manuel Perera. La faena con el ritmo de Cielito lindo, elegido con acierto por la banda de la plaza, fue un alarde permanente de valentía de Adame. Entre un desplante y otro, el torero intercalaba pases naturales de buena condición derechazos de buen son. El toro tenía buenas intenciones, una nobleza que lindaba la indiferencia, aguantó todos los agarrones de pitones y demás desafíos de Adame. La estocada cayó desprendida, caída y fue preciso el descabello. La petición de oreja no respondida por el palco. no se dobla. Una vuelta al ruedo triunfal. Las protestas contra el juez no pararon hasta el fin del festejo.

Manuel Perera, hizo su cuarto paseíllo después de la alternativa. Esta tarde, quizá por estar resentido de la herida del otro día, no tiró de su habitual repertorio repleto de rodillazos y otras temeridades por el estilo. Y nos ha gustado muchísimo. Vimos a un torero, un diestro, que sabía lo que hacía con los morlacos nada fáciles. El primero de La Viña Paiján, hacía unos extraños y desarmaba. Aunque con el caballo se mostró voluntarioso y se llevó dos puyas. Brinda la faena del toro a Antonio Ferrera. Manuel Perera construyó una faena de temple, donde los pases sucedían uno al otro sin tiempos muertos ni ajustes de terreno innecesarios. Mirando al tendido, Perera supo resolver con solvencia las dificultades que le planteaba su contrario. Los naturales se alargaban hasta llegar a unos pases redondos. El torero pidió cambio del pasodoble a una música local y el público se animó todavía más. Valiente, el diestro arrojó el estoque simulado, conocido en Perú como el “de fantasía”, y la muleta. El toro se refugia en las tablas. La estocada caída y tendida, pero profunda, hizo doblar al bicho. Petición. Una oreja, de cuya concesión se desvinculó el juez de la plaza. Un mal entendido, pero pensamos que es absolutamente legítima, ya que la primera la concede el público. Así fue. Dieron salida a Nostálgico (6º) para cerrar la feria. Los tendidos perdieron los papeles tirando objetos a los picadores, culpándoles por las ganas que tenia el astado arremeter a los caballos. Se oían las quejas de la afición que sólo viene a la plaza a “comer maní”, sin informarse sobre el orden de la fiesta y de sus valores como el respeto. Se alarga mucho el tercio, el toro no se deja guiar hasta que Ferrera no le engancha con su capote azul. Brindis a Adame. Manuel Perera citó desde los medios de la plaza y al son del cholo chotano busca la acometida del toro que la acorta quedando sin rematar suertes. Daba gusto ver la labor de Perera en oponerse a esta condición del astado. Las faenas en la plaza El Vizcaíno mostraron que no es sólo valiente, sino inteligente toreando cuando desiste de las faenas preconcebidas de rodillas que utilizaba a todos los toros por igual. El toro se aplomó y rodó sin puntilla por una estocada estocada en la cruz. Una oreja. Se acabó la Feria de San Juan Bautista, los jóvenes y niños llenaron el redondel…

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