Opinión

La "boda" de la OTAN

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 04 de julio de 2022

Recientemente el Papa anunciaba que la tercera guerra mundial había empezado ya. Lo hacía, naturalmente, con dolor, pero con sentimiento fatalista. Ni siquiera se ofrecía como mediador.

En mi modestísima opinión cometía el error, ya asimilado por todo el mundo, de considerar, a la que se ha dado en llamar “la guerra fría”, como una confrontación de baja intensidad, no comparable a las dos “calientes” que nos ha brindado el “civilizado” siglo XX.

Las sangrientas guerras de Corea y Vietnam, la partición de Europa en dos, mediante el muro de Berlín, que recorría sus calles, la incorporación a Rusia, mediante la fuerza militar, de varias naciones europeas, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, etc., los millones de muertos en los “gulags”, los miles de ensayos nucleares, que siguen emponzoñando nuestra naturaleza, la pretensión de adoctrinamiento y colonización intelectual y política de Occidente, mediante la proliferación de partidos comunistas y la sectarización de intelectuales y comunicadores, no parecen atrocidades suficientes para considerar a esto una guerra.

Leo a Casimiro García Abadillo, uno de los comentaristas más certeros de España, que acierta, una vez más, al avisarnos de que el periodo en el que hemos vivido la esperanza de deshielo de los dos bandos, enfrentados en la guerra fría, había terminado: “La Cumbre de Madrid pone fin a la globalización que alumbró la calda del Muro de Berlín”.

Yo he escrito, recientemente, sobre el menospreciado Ronald Reagan, que hizo el milagro de que el vencido o convencido Gorbachov condujera a la Unión Soviética a participar, en el orden mundial, según las reglas de Occidente y a aceptar la rivalidad o colaboración dejando aparte los riesgos de guerra.

Pero los torpes y arrogantes presidentes de EE.UU., que vinieron después, han malogrado esa oportunidad que parecía utópica antes de Reagan y nos han llevado de vuelta a la confrontación.

Han continuado la política de EE.UU. desde el punto en que Reagan la encontró y han obrado con tal desdén, que han hecho sentir a Putin que Rusia ha sido engañada al ver como la OTAN aumenta su zona de influencia a costa de la que Rusia considera suya.

Y el Putin, cuyo mandato empezó como continuador de aquella política de integración en la cultura occidental, se levanta en armas para tratar de evitar el “acoso” de la OTAN que ya “ladra en su frontera”. ( El Papa).

Ante esta reacción, vemos la frívola y arrogante reunión de la OTAN en Madrid, que más bien ha parecido la celebración del triunfo en una guerra que lo que ha sido, el triste reconocimiento del comienzo de otra. Ni una sola palabra de acercamiento, ni una mano tendida, solo ninguneo del enemigo y palabras y medidas de amenaza.

Y hemos visto, agresores que se sienten agredidos, señalar a enemigos a derrotar aunque estos no se sientan con motivos para estar en ese bando. He aquí el ejemplo de China, señalada como enemigo. Un país dedicado obsesivamente, a salir de la ancestral pobreza, como, en su día Corea del Sur y Japón, aupados, todos, por la avaricia de Occidente, a nivel de primeras potencias económicas, aun jugando con las leyes de mercado de este: “China acusa a la OTAN de buscar la confrontación entre bloques a nivel mundial”. Se duele.

Pero los superficiales e irresponsables personajes, que se han reunido en Madrid, no nos han dicho lo que nuestra Ministra de Defensa, Margarita Robles, nos advierte: “Cualquier misil que lance Rusia puede llegar a Madrid”. Ni lo que puede deparar una guerra, en el futuro, que hasta podría ser el fin de la humanidad.

Ante este comportamiento y este panorama, piensa uno, una vez más, que, quizá, el calificativo de humano no sea elogioso.