Opinión

Noluntad. Así yace y dormita el fútbol mexicano

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 07 de julio de 2022

El Diccionario de la Lengua Española define «noluntad» como acto de no querer. El fútbol mexicano la padece. No quiere cambiar, no quiere apostar al largo plazo, no quiere ganar una Copa del Mundo. Mejor opta por el negocio rapidito, cíclico y mediocre en resultados, pero hinchando los bolsillos de los dueños. Y cuenta para ello con una afición complaciente. ¿Podríamos dibujar otro escenario? Sí.

¿Dónde está parado el fútbol mexicano? De entrada no cabe el falaz argumento, la coartada narrativa de que no hay apoyo económico a los clubes ni se trata de cuadros sin patrocinio y amparo ni vale el ardid de improvisados. Por el contrario, carretadas de dinero se inyectan al fútbol sóccer y va como los cangrejos. No por ósmosis, sino por intereses actuantes, como los aludidos en el párrafo precedente.

Generalmente, lo normal es que cuando hay un Mundial de fútbol en puerta (2026) y se es país anfitrión –sería el caso mexicano– se entienda que el fútbol de ese país al completo se vuelque en esfuerzos para mejorar, para prepararse, para lucir más, que actuara para adecentar el negocio, a lustrarlo. Abarcando todas las categorías. Que los empeños se coordinen y los intereses se empalmen y unifiquen en pos de un objetivo supremo: trabajar para el lucimiento deportivo en esa Copa Mundial y, por qué no, apostar con fiereza y compromiso a ganar esa Copa del Mundo. Revitalizarse como vivero de jugadores. Crear, de valorarse muy forzados los tiempos, bases para que todo ese ahínco alentado con denuedo y altura de miras, catapulte al éxito consiguiéndolo en el Mundial siguiente, si es que se antoja prematuro plantearlo para el de la anfitrionía. Siempre que entrañe un fútbol serio y no de un simple negocio rapidito. Y sí, desde luego que eso no es el alma de un país que tenga tantas áreas donde más destacar. Mas es el fútbol.

Así, lógico sería estar en todos los torneos previos, en cuanto campeonato se atraviese en todas las categorías y clases, impulsándolas a todas como semilleros de figuras, adquiriendo tablas los seleccionados, persiguiendo un objetivo: ganar. Al pulirlo, se acrecentaría el negocio, pero eso implicaría ver a largo plazo. Desde luego, vas a todas y por todas y construyes una mentalidad ganadora no a fuer de repetirlo, sino demostrándolo con tus triunfos, sin renunciar a ninguna justa, apuntándote y clasificando a las más para que el fogueo sea permanente. Apuestas a fortalecer al fut nacional de cara a su proyección internacional. Ello concita a buscar partidos serios, rivales de nivel más allá de Concacaf, que en estos momentos demuestra mejor desempeño poniendo a México contra las cuerdas cada vez de manera más frecuente. Más vale no negarlo y no ignorarlo. Trabajas como negocio que es, por ejemplo, en la exportación de jugadores, estimulando nuevas figuras que equilibren el juego con las veteranas, de entre las cuales deberá destacarse a los abocados y desechar a los figurines de foto y escándalo, pero que no dan frutos profundos, palpables, puntuables. Y si todos hacen su parte se alcanzaría un fútbol nacional robustecido después de ser sede mundialista. Justo como sucede luego de ser una sede olímpica con el deporte de muchos países y de su fútbol, además. Si ganas una Copa del Mundo, entonces las playeras se antojan más vendibles ¿no? Y hay quienes no lo ven así. Extraño.

Con Mundial en casa, como meta y como punto de partida para un futuro deportivo promisorio de mediano y largo plazo, resulta obligado elevar los rangos de manera superlativa. Tienes a tu público, debieras lucirte, a potenciar el filón de futuras estrellas que dominen la escena por mínimo 10, 15 años más, aprovechando la inercia de un Mundial y a usufructuar la propensión mundialista para reestructurar todos los procesos desde la base, de cero. Si de paso acondicionas y modernizas los estadios, aunque no fueran sede, ya sería ganancia suprema y eminente. Sí, ello implicaría superar la noluntad y acabar con tanta lacra de dirigentes y equipos.

Pues bien, el pasado jueves 30 de junio la Sub-20 de México perdió ante Guatemala. Por los intrincados vericuetos clasificatorios, la derrota supuso dos cosas: perder el pase en la Sub-20 al Mundial alusivo de Indonesia 2023 que, como sea, es escaparate, baqueteo, oportunidad y antesala olímpica; y justo por tal descalificación, también canceló el boleto para acudir a los Olímpicos de París 2024, luego del oro obtenido en los Olímpicos de Londres 2012 y del muy sufrido bronce de Tokyo 2020, éxitos mal canalizados. Sépase: haber perdido es atrofiar una escuela completa, una almáciga para 2026. De ese tamaño es tal fracaso.

La afición se ha quedado estupefacta. Guatemala jugó mejor, los mexicanos iban soberbios, sobrados y el resultado es malo por partida triple. Y pienso que si la Sub-20 es veta de talentos, pues entonces esto va fatal. Nos recuerda también el otro ciclo clasificatorio flojo, mediocre otra vez hacia Qatar 2022 y que cada proceso clasificatorio para distintas categorías va cada cual por su lado sin objetivos de largo plazo, sin metas compartidas, no es un totus indiviso, sin tener realmente el Mundial 2026 en la mira, confiando en que no requerirán clasificar por ser sede en esa edición. La derrota acusa carencias graves: no hay un plan de trabajo tirando a éxito, uniforme, coordinado y es discontinuo. Lo normal. Y mientras, con amarrar partidos que garanticen vender playeras, se dan por bien servidos. Más mediocridad de planteamiento, suena imposible de encontrar. Si con algo se embota a los mexicanos es con fútbol, muy rico y dispendioso en recursos, mas apostando, emboscado siempre al negocio inmediato sin ir a más.

Los intereses económicos cortoplacistas prevalecen apuntando al negocio fácil, embaucador, explotador de figurones sin trayectoria ni trascendencia; no hacen equipo ni cierran filas con todo el aparato futbolístico ni apuestan a ganar Mundiales, o, al menos, a acariciar la posibilidad con la sede en el horizonte, mientras los aficionados asumen la derrota. Es descorazonador y decepcionante que se los aplaque con playeras, una idea equivocada de hacer negocios si solo es para obtener réditos prontos mostrando una absoluta carencia de visión. Si cambiáramos de chip apostando por marcas ganadoras, trofeos obtenidos, figuras de largo aliento, en conjunto redituarían mucho más y en más direcciones que partidos moleros. Supondría mayor calidad que la gente sí pagaría gustosa, pues quiere ver a su país en los podios y no acabamos de entender que eso deja más.

Al plantear la prensa brasileña que México irá a Qatar 2022 a pasear, debería de darnos vergüenza. Atinan al tenor del párrafo anterior. ¿Será que los mexicanos tienen 3 cabezas? Y ni siquiera proponemos seriamente el hacer un papel digno. Es lastimoso. ¿Por qué no ser ganadores? porque no. Los intereses cortoplacistas que lo impiden dicen que por que no hay condiciones y nunca las hay, en un círculo vicioso. Sume rumores tales de cacicazgo en la Selección Nacional, un entrenador que no motiva, el prematuramente avejentado Estado Azteca que nos coloca en la tesitura de ser hallados en malas condiciones de cara al Mundial 2026 que no es un aliciente por avaricia, la cortedad de miras, la tontera de protagonismos y por no fijar objetivos. No auguro éxitos en ambos mundiales.

Resulta patético imaginar que solo se incluyó a México por su afición desmadrosa y futbolera, pagadera de playeras y no por una mediana calidad futbolística, regodeándose sus hinchas con que compensarán las feas prohibiciones cataríes que inhiben el exceso, sin vislumbrar que el proceso clasificatorio mundialista a Qatar 2022 era la última oportunidad de adecentar nuestro balompié, pues era la ocasión irrepetible de lucir deportivamente de cara a 2026, al que se llegará sin clasificar, invitando a dormirse en sus laureles, que de por sí. ¡Ahhh! ¿qué de lo que se trata en un Mundial es solo de hacer pasarela y desmadre? entonces siendo así, olvide todo lo que acaba de leerme. Apague y vámonos. Si se produjera la derrota, pues qué poca ¿verdad? y ya estaba de Dios, sin brío titánico que redunde en pro, porque esa derrota será porque Diosito lo quiso y nada más. Lo único positivo es que ya no ven a Márquez como solución. Deus Gratia.