Editorial

El nefasto legado de Boris Johnson

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Viernes 08 de julio de 2022

Las escandalosas fiestas cerveceras de Boris Johnson en Downing Street, en plena pandemia e incumpliendo las normas anticovid dictadas por su propio Gobierno, han deteriorado el prestigio Internacional de Gran Bretaña y han demostrado lo excéntrico y gamberro que es el todavía primer ministro. Pero no es lo peor de su legado. Llegó al poder con una desaforada y falsa promesa de que la ruptura con la Unión Europea beneficiaría a su país. Prometió con demagogia y manipulando los datos que con el Brexit, el Reino Unido recuperaría su soberanía y se beneficiaría económicamente. Una gran mentira, pues como se ha demostrado, ha ocurrido todo lo contrario. Una farsa tiznada del peor populismo cuyas consecuencias están siendo nefastas.

También ha deteriorado la imagen de su nación al comprometerse con la UE a poner en marcha una separación consensuada. En cuanto ha podido, también ha hecho trizas ese compromiso al anunciar que no cumpliría con el Protocolo para Irlanda del Norte, el gran escollo para que el Brexit se produjera dentro de la normativa comunitaria.

Conviene recordar también, que Boris Johnson se mostró, al igual que Donald Trump, como un escéptico con la gran amenaza sanitaria del covid y, por ello, eludió tomar a tiempo las medidas para evitar la propagación de la pandemia. Se contagió él mismo y tuvo que aceptar que se trataba de una peligrosa enfermedad. Y, como España sin ir más lejos, el retraso en poner en marcha una normativa preventiva supuso una catástrofe sanitaria.

En general, Boris Johnson se ha mostrado como un bufón político. Se enrocó en el poder, a pesar de que casi la mitad de los diputados conservadores votaron para que abandonara. Incluso se resistió a dejar el cargo cuando se produjo la cascada de dimisiones de sus ministros. Pero se ha quedado solo y no ha sido capaz de encontrar a los dirigentes conservadores que quisieran ocupar los Ministerios vacantes. Y, al final ha dimitido. Pero en otra pirueta surrealista, no quiere abandonar el cargo de primer ministro hasta ser sustituido por el nuevo mandatario. Sigue alojado en Downing Street y, por lo visto, los dirigentes conservadores van a tener que sacarle a patadas de la residencia oficial.

Probablemente, pasará a la historia como el primer ministro más gamberro y desaliñado del Reino Unido. Pero, lo peor, es el nefasto legado social y económico. El diputado conservador que le sustituya va a encontrar toneladas de basura bajo las alfombras de Downing Street. Hay que confiar en que pueda limpiarlo todo y vuelva a recuperar el histórico prestigio de la democracia británica.