Hay que prepararse para escuchar sin escandalizarse el discurso de Pedro Sánchez en el debate del estado de la nación que, por fin, se va a celebrar esta semana. El presidente del Gobierno ya tiene a su entero equipo de comunicación y propaganda escribiendo con todo lujo de detalles la ristra de los innumerables éxitos cosechados por su Gobierno. El autobombo será el único guión. Dirá, sin avergonzarse, que gracias a su gestión, España es un país mejor que el que encontró al llegar a La Moncloa. Dirá sin parpadear que hay más libertad, más democracia, más transparencia y, sobre todo, más diálogo. Diálogo con los separatistas y los proetarras, no para acaparar sus escaños. Sino para lograr que acaten la Constitución y que olviden sus aspiraciones independentistas. Y es capaz de asegurar que a punto está de lograrlo. Nuestra nación, en fin, se ha convertido en el paraíso terrenal desde que él está al frente del Gobierno. Y ello, a pesar de la pandemia, la guerra de Ucrania y tantas calamidades que nos han azotado.
No reconocerá un solo error. En todo caso, será el PP el responsable de los problemas del país; bien por su nefasta herencia salpicada de corrupción, bien por su crispación y rechazo al diálogo. Porque ése es el motivo principal de su comparecencia en el Congreso de los Diputados. Prepara el debate del estado de la nación como si se tratara del pistoletazo de salida de la campaña de las próximas elecciones generales. Será su primer mitin. Ante la victoria de Nuñez Feijóo y el desplome del PSOE que vaticinan las encuestas, Pedro Sánchez ha decidido emplear toda su energía en intentar revertir el sentido de esos sondeos. Y, para ello, tiene que alardear de sus éxitos, aunque sean inexistentes, y destruir al partido de la Oposición que puede dejarle en el paro.
El resto de la legislatura también está planeado con ese objetivo. Repartirá el dinero de los presupuestos en "comprar" votos con la creación de empleo público innecesario y regalará "cheques" a los que él denomina los más vulnerables. Seguro que aprovechará el debate en el Congreso para anunciar alguna de estas decisiones que tanto le benefician electoralmente. O eso cree. Buscará un titular que demuestre su sensibilidad con los que más sufren la crisis económica provocada por la pandemia y por Putin. Porque lucha a brazo partido con el sátrapa del Kremlin. Pero, en especial con el presidente del PP. En resumen: el presidente del Gobierno no es el responsable de uno solo de los problemas de España. Son los demás.