Hay que reconocer que Pedro Sánchez, después de un desastroso curso político con la coalición de Gobierno resquebrajada y sus aliados huyendo de la guerra, se va de vacaciones con los objetivos cumplidos. Para sus intereses, claro.
El debate del estado de la nación lo aprovechó para amarrar los escaños que necesita para atravesar el largo año y medio de legislatura. No sufrirá sobresaltos en el Parlamento y tendrá manos libres para elaborar una legislación que favorezca electoralmente, y en orden, al PSOE, Podemos, Bildu y ERC. Ya se han conjurado para unir sus fuerzas con el propósito de pactar cualquier tipo de Gobierno Frankenstein a la vuelta de las urnas.
Mientras tanto, a Pedro Sánchez le ha tocado la lotería con las dimisiones de Adriana Lastra y Dolores Delgado. La vicesecretaria general del PSOE se había convertido en un baldón. Lo sabía y, quizás ha preferido irse antes de ser fulminada. Su discurso monocorde y desquiciado perjudicaba al partido. Y, hete aquí, que se va voluntariamente para vivir su embarazo en paz y armonía. El presidente socialista ha aprovechado el hueco, como un rayo, este mismo sábado, para hacer y deshacer a su antojo en Ferraz. El lema está claro: prietas las filas ante la próxima batalla. El currículum para medrar solo tiene una línea: Lealtad absoluta al gran líder.
Tampoco le ha venido mal a Sánchez la renuncia de Dolores Delgado en la Fiscalía General del Estado. Estaba quemada. No cejaba el escándalo de su nombramiento por ser exministra de un Gobierno de Sánchez. El presidente, además, necesita una Fiscal para la Memoria Democrática. Y no va a encontrar a nadie mejor que ella.
Al líder socialista, de paso, le ha salido la carambola de nombrar como sustituto al que era la mano derecha de Delgado, el fiscal que había intervenido en todos los casos más trascendentales. Conoce bien el carril marcado y no se saldrá de él. Pero nadie podrá acusarle de haber sido ministro del PSOE. En todo caso, que tuvo agrios litigios con Feijóo y llevó el caso del naufragio del Prestige, donde los ecologistas más radicales poco menos que acusaron de criminal al PP. Pero al presidente le ha salido redonda la operación: tendrá un fiscal tan dócil como pretende, pero sin mácula.
En cualquier caso, Pedro Sánchez ha recibido como regalo de fin de curso dos dimisiones, más o menos casuales, que le allanan el camino para la vuelta de las vacaciones. Se va ufano y con los deberes hechos a La Mareta, el palacio en la isla de Lanzarote que el Rey Hussein de Jordania regaló al Rey Juan Carlos. Y allí descansará sin acordarse de que, a su vuelta, le azotará el otoño más caliente de todos los tiempos.