Lo que Jonas Vingegaard (Jumbo Visma) y Tadej Pogacar (UAE Emirates) han hecho en este Tour de Francia se puede resumir así: han devuelto el atractivo al ciclismo. Entre sus ataques cruzados se ha tejido un espectáculo que ha regocijado a los veteranos que anhelaban los tiempos en los que se corría con valentía y sin atender a la táctica; y que ha descubierto el placer del toma y daca descarnado a los más jóvenes. El danés -que este jueves ha sentenciado su primer título en la 'Grande Boucle'- y el esloveno -doble campeón de la carrera gala con 23 años- se han confirmado como las dos estrellas atrayentes que tanto necesitaba este deporte. Sobre sus pedaladas se espera la construcción de nuevos mitos que enganchen a las generaciones recién llegadas.
Ambos llevan con clase la bandera de un recambio juvenil al que también pertenece el todoterreno Wout Van Aert. El ganador -con puño de hierro- del maillot de la regularidad se lanza a la victoria de cualquier etapa. Es velocista cuando el trazado llanea, contrarrelojista depurado, bajador afilado y escalador en fuga. Esta última faceta es la que ha puesto en práctica en esta última jornada de los Pirineos, que ha dado carpetazo a la montaña en este Tour. Suyo fue el arreón postrero en la ascensión a Hautacam, el golpe que terminó de tumbar a Pogacar, cuando el belga impío mutó de escapado a gregario para su jefe de filas. Para mayor gloria del triunfal Jumbo neerlandés.
La clasificación general, exhausta también de tantos fuegos artificiales -en esta edición se ha peleado ,a base de ataques, cada punto UCI, cada maillot y cada esprint intermedio-, queda vista para sentencia. Antes de la contrarreloj final, Vingeggard aventaja a Tadej en tres minutos y 26 segundos. Geraint Thomas (Ineos Grenadiers) cierra el podio, a ocho minutos, mientras que David Gaudu (Groupama-FDJ) y Nairo Quintana (Arkea-Sámsic) proseguirán su batalla por la cuarta plaza con favoritismo para el francés. Enric Mas, que ofreció la peor noticia del día -además del abandono por Covid-19 de Imanol Erviti-, se cayó del Top-10. Es undécimo, a 24 minutos y ocho segundos.
La 18ª etapa propuso el encadenado de tres puertos como postre al esfuerzo en territorio pirenaico. Con las fuerzas muy justas -este es uno de los Tours corridos más rápido de la historia- y un calor exasperante, una nómina ingente de aventureros se vaciaron para formar parte de la fuga del día. Hasta 33 ciclistas lograron el premio al derroche precoz, camino de las subidas al Aubisque, el Col de Spandelles y el final en alto de Hautacam. Van Aert guió a un nutrido grupo en el que figuraba Enric Mas, ansioso por encontrar una alegría en esas semanas de zozobra. Eso sí, ya viajaban con las piernas taimadas, pues en la primera hora se completaron casi 50 kilómetros.
En el Aubisque -puerto de Categoría Especial, con 16,4 kilómetros y una pendiente media del 7,1%- se empezaría a seleccionar al personal, con el pelotón por detrás, partido ya entre los mejores y el resto. Giulio Ciccone (Trek-Segafredo) coronó el alto para coleccionar puntos que alimentaran su ambición de arrebatar el maillot de la montaña a Simon Geschke (Cofidis), aunque ninguno de los dos disfrutaría de fuelle, a la postre, para pugnar por el jersey de lunares. Pasaron por la cima con más de tres minutos de ventaja con respecto al grupo del líder, un vagón en el que Pogacar ya se había quedado con sólo un gregario.
Y ahí, en el descenso, el jefe de filas del Movistar comenzó su debacle. Se quedó cortado de cabeza de carrera por puro miedo, como confesaría en la meta, si bien en el equipo español todavía quedaba la baza de Carlos Verona (Movistar Team). El madrileño rodaba con los fugados y con buenas sensaciones. Mantuvo la esperanza española en el anhelado triunfo hasta que Van Aert decidió autografiar una exhibición en la escalada, especialidad en la que no se le presuponía experto. Hasta hoy. Fijó un ritmo de subida tan abrasivo en el inédito Col de Spandelles (Primera categoría y 10,3 kilómetros al 8,3 %) que sólo le alcanzaron a acompañar Thibaut Pinot (Groupama-FDJ) y Daniel Felipe Martínez (Ineos Grenadiers).
Por detrás Pogacar odenó acelerar a su único gregario, Brandon McNulty (UAE Emirates). Y soltó un ataque tan corrosivo que dejó aislado a un Vingegaard al que le flaqueó hasta su obrero de élite, Sepp Kuss (Jumbo Visma). Pero el joven danés se ha demostrado como el mejor de esta carrera y aguantaría otros cuatro ataques más del volcánico esloveno, ninguno de ellos sostenido pero todos explosivos y válidos para derrumbar al más pintado. En esas rampas sentenció el Tour Jonas, pescadero a tiempo partido hasta hace sólo tres años.
Le comió la moral a un Tadej que lo intentaría también en el descenso, arriesgando. Se dejó la piel el esloveno para buscarle los nervios a su colosal rival en cada curva y llegó a provocar un fallo que casi da con los huesos del líder en el asfalto. Pero acabó cayéndose él y la cosa quedó en combate nulo por la deportividad del danés, que esperó a que se recuperara de su resbalón. Con la tensión por las nubes, se encaminaron a que el mano a mano durara hasta la meta, aunque Kuss se rehizo y le dio cobijo al favorito en el trecho sustancial del Hautacam (Categoría Especial y 13,6 kilómetros al 7,8 %). Con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, subido ya en el coche del director del Tour. Como es tradición para los gobernantes franceses.
Desde ese puesto privilegiado pudo ver el festival del Jumbo. Kuss, de vuelta, apretó las clavijas a Pogacar -le exigió tanto que ya no atacaría más- y Van Aert, que se había descolgado de la fuga -y de sus opciones de ganar en el Día Nacional de Bélgica-, remató el trabajo coral con la imposición de un ritmo tortuoso. El esloveno acabó cediendo un minuto y tres segundos con respecto al ganador de la etapa, un Vingegaard pletórico -se fue en solitario a más de cuatro kilómetros de la cima-. El danés puso la guinda y cimentó un colchón soberbio que le permitirá encarar con tranquilidad la contrarreloj del sábado. En una de las múltiples páginas gloriosas para el ciclismo que se han escrito en este mes de julio.