Opinión

Cómo se llegó a la guerra

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 24 de julio de 2022

¿De dónde parte el camino que conduce a una guerra? Preguntas como ésta resultan inquietantes porque nos muestran la complejidad de los acontecimientos históricos. Peter Handke escribió algo parecido al contemplar la destrucción de Yugoslavia durante sus viajes por los ríos Danubio, Save, Morava y Drina en 1995 y 1996. «¿Quién fue, por lo tanto, el agresor? ¿El que provocó la guerra fue el mismo que la empezó? ¿Y qué significa “empezar”?».

El magnífico documental “The Long Road to War”(2018), dirigido y producido por Miloš Škundrić y que, en España, puede verse en Netflix, analiza durante casi dos horas -que se pasan volando- el complejo y tortuoso camino que condujo al estallido de la Gran Guerra (1914-1918), la contienda europea que acabó con lo que Zweig llamó “el mundo de ayer”. A través de testimonios escritos, entrevistas a expertos y un admirable despliegue de recursos gráficos e imágenes de archivo, Škundrić cuestiona que la guerra comenzase, sin más, por el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y su esposa junto al Puente Latino de Sarajevo aquel fatídico 28 de junio de 1914. El magnicidio fue, más bien, el “casus belli” que sirvió a la Monaquía Danubiana y al Imperio alemán para desatar una guerra que se venía fraguando desde comienzos de siglo o incluso desde antes.

En efecto, una de las virtudes del documental de Škundrić es la contexualización de la Gran Guerra en la carrera armamentística, la competencia imperialista y el militarismo de los grandes imperios europeos de la segunda mitad del siglo XIX. En esta película hay mucho de “Los cañones de agosto”, de Barbara Tuchman, y de “Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914”, de Christopher Clark, pero el relato se enriquece aquí con el lenguaje cinematográfico de las reconstrucciones, las fotografías y las películas de época que muestran aquel mundo en movimiento. La importancia del canal de Kiel como infraestructura estratégica para la armada alemana, que aspiraba a competir con la británica por el dominio de los mares, puede apreciarse en toda su majestad gracias a las grabaciones de archivo y los mapas.

“The Long Road to War” presta atención a los aspectos que, sin ser estrictamente militares, crean el caldo de cultivo para la guerra. Por ejemplo, las acciones hostiles en materia económica como la “guerra del cerdo” que libró Austria-Hungría contra Serbia (1906-1908) mediante la prohibición de importaciones serbias. Al acercamiento de Belgrado a otras potencias europeas como Francia, respondió Viena con la guerra económica. La consecuencia no fue tanto la ruina de Serbia, que diversificó sus mercados, sino la pérdida de influencia de Austria-Hungría en un Estado que, hasta entonces, había seguido políticas de cierta conciliación hacia la Monarquía Dual. Con el pretexto de acabar con la economía de su adversario, el Imperio austrohúngaro debilitó su propia posición.

Škundrić no elude los aspectos más geoestratégicos como la necesidad que el Imperio ruso tenía de ganar una salida al mar Mediterráneo a través de los estrechos, la aspiración serbia de acceso al mar Adriático o la influencia alemana que se extendía por el Imperio otomano gracias a inversiones como la línea férrea Berlín-Bagdad.

El uso de la música y de los silencios, el ritmo pausado -pero no lento- de la narración cinematográfica y, en fin, el dominio de los recursos dramáticos al servicio del documental, hacen de “The Long Road to War” una magnífica opción para analizar la historia y la actualidad de Europa desde una perspectiva distinta y enriquecedora. El fracaso de los intentos de evitar la guerra, el papel de los medios de comunicación en la preparación de los pueblos para el conflicto y los errores de inteligencia son algunos de los temas que el documental hace aflorar y que nos invitan a la reflexión sobre el actual momento que atraviesa nuestro continente.