Los Lunes de El Imparcial

Antonio Colinas: Tratados de armonía

Ensayo

Martes 26 de julio de 2022

Siruela. Madrid, 2022. 440 páginas. 23,95 €.

Por David Lorenzo Cardiel



«¿La extremada sensibilidad es un don o una condena? ¿Es un goce o una enfermedad? A estas alturas no tengo todavía respuesta para esta pregunta. ¿No hay respuesta o acaso cabe doble respuesta? Quizá -como la vida para el hombre- la sensibilidad sea, a la vez, un don y una condena. Pero sellemos esta unión de contrarios con la plácida respuesta del silencio».

En mis numerosos encuentros con lectores en conferencias y en torno a mis libros me he encontrado una pregunta habitual, bastante común, aunque en la persona mínimamente pudorosa tiemble levemente en sus labios. ¿De dónde surge el libro? ¿Qué te ha llevado a analizar estos hechos, en qué momento te inclinaste por investigar aquello de aquí o de allá? Pero lejos de resultar cuestiones quisquillosas, estas preguntas que parecen alejarse del canon de lo que se está hablando en ese momento son del todo relevantes. En el origen, todo tiene sentido y a la vez no lo tiene. Si se evalúa el principio de algo se observa un proceso metódico: es lo que se está investigando en estos momentos, sin ir más lejos, sobre el origen de la vida, si una arquea asimiló a una bacteria para formar células eucariotas o se trata, por el contrario, de un postulado fantasioso.

Dejando estar los extremos de la existencia, la situación se transforma en un paraje difuso. Las circunstancias, unida a la naturaleza de lo que somos, nos impulsa. En definitiva, la realidad se impulsa a sí misma. Es toda ella posibilidad y acción, motor y quietud. ¿Por qué una arquea no digirió a la bacteria que atrapó, como debía acostumbrar a hacer con otras tantas, y sin embargo la integró en su constitución como el orgánulo que hoy llamamos mitocondria? Este es el misterio perenne de lo original y de la originalidad.

Tratados de armonía, la nueva propuesta literaria de Antonio Colinas, tiene mucho que ver con el ciclón filosófico que acabo de lanzar en el párrafo anterior. El reconocido poeta, narrador y erudito español me ha vuelto a sorprender una vez más con este libro ante el que bien podría quedarme sin palabras si no fuera una verdadera falta de respeto no esbozarlas. Desde su título, Colinas avisa al lector sobre qué va a encontrarse cuando se adentre en el universo de páginas: la búsqueda y el encuentro con aquellos detalles más recónditos que nos hacen humanos.

El ensayo se divide en pequeños fragmentos, al estilo de las Meditaciones de Marco Aurelio, que otorgan un denso cuerpo a una serie de capítulos, quienes a su vez componen los cuatro «tratados de armonía» que construyen la obra. Su sucesión es pausada, invita a reposar la mirada y a entrelazar texto y pensamiento, experiencia y teoría, poesía y meditación filosófica. Colinas nos dirige unas veces a su intimidad, a sus recuerdos. Otras, a su imaginación o a un análisis exclusivamente racional. En todos los casos lo hace con una belleza meditada, eligiendo cada palabra, habiendo pulido previamente cada fragmento hasta edificar una pieza que suponga una genuina mirada sobre la realidad.

Que sea equivocada o no lo sea es lo que menos importa cuando se trata de investigar con la sinceridad depositada en la mano: si no se recorre el sendero sinuoso en vez del seguro jamás se explorará el límite del paso. Antonio Colinas, como magnífico poeta y escritor que es, conoce bien la intensa capacidad de la lírica como herramienta para explorar lo trascendente frente a otras maneras de expresión y construcción del discurso. Cada página de este libro es, en suma, un canto a la belleza en sus dimensiones estética y semántica, un descubrimiento que desborda y atrapa en su lectura sin deseo de escapatoria.

Edita Siruela con el mimo que le es característico al sello madrileño, en tapa dura y en un formato de alta calidad, muy manejable. Les invito a explorar estos Tratados de armonía que, además de deleitarles, les descubrirán una obra, a mi juicio, maestra. De las que dejan poso, de las que no se olvidan, aquellas que leerán también las generaciones venideras.

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